El EZLN y la 4T. Diálogo Urgente
Martín Quitano Martínez

Justo cuando desde el poder salinista se festejaba nuestro arribo al primer mundo, el EZLN irrumpe en el escenario nacional inaugurando una conformación histórica de la confrontación contra el neoliberalismo, una bofetada de realidad proveniente de los lugares profundos de un México inexistente para la lógica del poder, cuyo icónico representante era paradójicamente presentado como producto de la modernidad enlazada al mayor de los abandonos.

El olvido histórico de los pueblos originarios se rebelaba frente al mundo, construyendo imaginarios alternativos no sólo en México sino mucho más allá de sus fronteras. Allí donde el olvido se había consolidado como forma de vida, surgieron los gritos de una inconformidad que exigía que se abrieran las puertas del reconocimiento de la existencia de los excluidos de siempre y también ahora, del proyecto que regocijaba a las élites neoliberales.

Desde 1983, en la esquina más olvidada del país, la selva lacandona, se fraguaron las exigencias de movimientos indígenas que reclamaban nuevas formas de pensar y hacer un nuevo proyecto de país, que atravesaba por reconocerlos y reconocer los justos reclamos y las posibilidades de nuevas formas de relación para con las comunidades rurales indígenas.

En una ruta de eventos velozmente mediatizados, las declaraciones de la selva lacandona, los comunicados del “Sub Marcos”, los acuerdos de San Andrés Larráinzar, visitantes y medios de todo el mundo, los zapatistas del EZLN caminando hacia la ciudad de México desde sus lugares y sus pasos por el país,  pautaban los ritmos de una guerra que duraba poco en lo militar pero que se fortaleció como justa en el marco de un reclamo apoyado por las oposiciones a un régimen que, soberbio en su ruta modernizadora, ni veía ni oía.

En paralelo, desde dentro, un descontento político y social surgido también de esa confronta provocada por el avasallante arribo de los neoliberales a los puestos públicos y su lógica expoliadora, derivó en un movimiento político electoral que plantaba cara desde las posibilidades políticas de visiones distintas del país que se quería, en el que confluyeron desde convencidos de la izquierda mexicana hasta desilusionados del nacionalismo revolucionario.

El movimiento emanado el 6 de julio del 88, discute no sólo los impactos negativos y formas de un modelo económico excluyente, sino también los rumbos por los que debía caminar la construcción de una democracia que no fuera la continuidad de una simulación, sino la apertura de vías creíbles para la manifestación política y el acceso a los gobiernos.

En ello se muestra el empeño de ideales y reclamos que llaman a construir una nueva nación, con la conformación de un polo político que asume los retos de un rompimiento y la construcción de una izquierda abierta a la discusión ampliamente convocante, que rescate además de los reclamos de justicia, los reconocimientos por los derechos humanos, la diversidad y la posibilidad de contar con una patria para todos.

Aún con orígenes diversos, ambas visiones, ambas demandas parecían ser compatibles en buena parte de sus diagnósticos y estrategias, lo que invitaba de manera natural a conservarse en sus diferencias, pero a fortalecerse al compartir una ruta de lucha contra el poder establecido.

Es así que en caminos paralelos se entrecruzan desencuentros. El EZLN y el PRD como la conformación política más fuerte de la izquierda de los noventas, coinciden en puntos y encuentran particularmente en las bases coincidencias de aspiraciones que, en el tiempo, parecen diluirse en momentos de definiciones que los zapatistas asumen como claudicaciones o traiciones ante decisiones perredistas.

La posibilidad de sumar y multiplicar -en lugar de restar y dividir- se fue malogrando cuando se enaltecen los egos, se desdibujan las coincidencias y se pierden las prioridades en la discusión de las formas, en el cómo se enfrentaban las condiciones del país, conduciendo a un rompimiento programático y a la descalificación del otro.

La ruptura mayor deviene en el 2001 cuando el PRD teniendo como figura central a Andrés Manuel López Obrador, aprueba las reformas constitucionales para reconocer los derechos y cultura de los pueblos indígenas, las cuales no incluían los reclamos zapatistas del derecho a la autonomía y al autogobierno que se contenían en los acuerdos de San Andrés.

Las oportunidades de reconciliación se fueron diluyendo entre esa izquierda partidaria que proponía la lucha electoral y un zapatismo que convencido de la pureza de su lucha, no veía con buenos ojos la figura ascendente de Andrés Manuel encabezando en el 2006 y el 2012 grandes y exitosas campañas electorales, que desde el poder son boicoteadas por el establishment, haciendo uso de todos los medios disponibles para contener un avance impetuoso y claro de ese liderazgo necio y reconocido por amplios sectores sociales.

Juega en la arena electoral de pesos y contrapesos, la postura crítica del EZLN, sus palabras y actos, como pueden ser la promoción de “La otra campaña” en el 2006 y la censura en el 2012. Entonces el debate se transforma. El PRD abandonado por sus compañeros naturales de ruta, por haber sido complaciente con los cambios estructurales provenientes de los neoliberales, disminuye la confronta sin que por ello deje de ser señalada su complicidad.

El debate del zapatismo ahora y desde siempre se centra en señalar negativamente el liderazgo y la persona de Andrés Manuel López Obrador, el mismo que después de reunirse con él en julio de 1996, el Subcomandante Marcos declarara que habría que mirarlo porque llegaría lejos. Al que también le reconoce abiertamente su triunfo en las elecciones del 2006, incluso las más recientes del 2018.

Sin embargo las posiciones políticas y las diferencias se han ido haciendo cada vez más evidentes, a medida que el zapatismo se va radicalizando y Andrés Manuel estratégicamente se va desdibujando en el espectro ideológico partidario para sumar adeptos.

Cumpliéndose el vaticinio del Sub Marcos, Andrés Manuel ha llegado lejos. Ahora Andrés Manuel es presidente de la república y con su triunfo las descalificaciones del EZLN continúan.

Del fascista y uno de los tres bribones del 2012, ahora AMLO es señalado como el loco, mañoso, que busca emprender la destrucción de los pueblos originarios, dejándole en claro su rechazo a dos de sus proyectos: la construcción del tren maya y la guardia nacional. Señalando además que la construcción de una nueva religión se presenta con el advenimiento de un “nuevo pensamiento único”, en referencia a los rasgos autoritarios del nuevo presidente.

Desde el coto autoimpuesto de su pureza, la dirigencia del EZLN ha sido dura con la llamada cuarta transformación y la ambivalencia ideológica del discurso de Andrés Manuel, centrando su discusión en su líder, como la persona que traiciona y no merece confianza, sin importarle criticar al movimiento que millones de mexicanos respaldaron.

En el lado triunfador, el presidente impulsa como urgente y necesaria la construcción de un nuevo rumbo histórico, recogiendo la discusión entre liberales y conservadores como referentes conceptuales, en ocasiones irreconocibles en la realidad de la gestión política y gubernamental. Se trata de una construcción discursiva que sólo define el ejercicio de participación social entre esas dos categorías.

¿Hasta dónde habrá oportunidad para el acercamiento de estos proyectos que de origen, como visiones contra el neoliberalismo, han manifestado objetivos comunes? ¿Se intentará privilegiar las coincidencias para encontrar una ruta de trabajo que mejore las condiciones de los indígenas agrupados en el EZLN?  Ojalá que el discurso de la mano extendida del presidente para la búsqueda de acciones en paz aún en la diferencia, haga realidad la construcción de puentes.

La actitud esperada desde el poder presidencial hacia los pueblos zapatistas, reconociendo el liderazgo de sus dirigencias, debe favorecer el diálogo entre el EZLN y AMLO. Es urgente atender sus demandas y carencias, para lograr el reconocimiento legal tantos años escatimado, principalmente porque tales asuntos se identifican con los valores y principios que ha enarbolado desde hace 18 años el actual gobierno y porque la memoria de la lucha política los registra a ambos en el mismo lado de la historia.

Favorecer un ambiente de cerrazón y descalificaciones, no abona en la ruta de las soluciones. Enfrentar las diferencias y avanzar sin claudicar los principios, asumiendo como condición del diálogo que no hay victoria ni derrota totales. Los problemas que se enfrentan, obligan un mínimo de humildad y disposición para iniciar las profundas transformaciones que se demandan.

El debate que se requiere debe poner por delante la capacidad y voluntad en la búsqueda de coincidencias, empeñados en insistir que los diálogos reafirman las prácticas y compromisos democráticos que nuestro país merece tener.

Martín Quitano Martínez

Licenciado en Economía por la Universidad Veracruzana y Diplomado en Administración Pública y en Análisis Político por el IAP, Veracruz. Cuenta con estudios de Posgrado en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid. Es Doctorando en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid.

Conferencista en España, Argentina, Guatemala, Uruguay y en varios estados de la República Mexicana. Coordinador de los Seminarios Internacionales de Políticas Públicas y Gestión Local realizados en Coatepec, Ver. y en Zárate, Argentina. Ha participado en Congresos del CLAD en España, Portugal, Chile y Uruguay.

 Su carrera abarca el servicio público a nivel federal, estatal y municipal en dependencias como el Instituto Nacional Indigenista, la Procuraduría Agraria, el Registro Agrario Nacional, el Ayuntamiento de Coatepec, Ver., FIDECOAGUA, la Editora de Gobierno, la Contraloría General y la Secretaría Técnica del Sistema Estatal Anticorrupción del Estado de Veracruz. Ha desarrollado labores de consultoría en proyectos de la iniciativa privada y del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

 Dirigente de los partidos: PMT, PMS y PRD. Así mismo, es fundador de la organización Movimiento de Solicitantes de Vivienda de Coatepec, (MOSVIC). Colabora en diferentes medios de comunicación y revistas especializadas en Economía y Análisis Político.




Se el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada


*