El EZLN y la Cuarta Transformación
Daniel Carlos García

A principios del presente año, en el marco del aniversario del surgimiento público del EZLN, éste se fue con todo en sus apreciaciones críticas al gobierno federal encabezado por Andrés Manuel López Obrador. A poco más de un mes de ello, vale la pena analizar este aspecto, tratando de que no se vea el caso de manera maniquea, lo que tampoco quiere decir que no haya una postura precisa, que podría estar inclinada hacia una de las posturas.

Me reivindico como militante de la izquierda socialista desde hace casi medio siglo, sin dudas durante todo ese tiempo. Ubico a los actuales actores políticos y sus posturas. Respeto al zapatismo como también lo hago con el obradorismo y su partido MORENA. A los primeros los caracterizo como de fuente anarquista como queda plasmado implícitamente en la Primera Declaración de la Selva Lacandona. De los segundos reconozco su carácter antisistémico, progresista y con rasgos antineoliberales. No los considero de izquierda, pero no son la misma cosa que partidos como el PRIAN, cuestión que el zapatismo no discrimina, ahí nuestra primera diferencia.

Esto lo señala el EZLN cuando concluido el proceso electoral federal pasado y sabido el resultado y la coalición ganadora, señala que no cambiaron las cosas, en todo caso el finquero, lo cual desde mi punto de vista es limitar el análisis, no considerar objetivamente las nuevas circunstancias y menos aún la postura político/electoral de millones de mexicanos.

En este sentido como se escribiría hace poco en una Declaración del Movimiento Comunista Mexicano (MCM):“después de casi 40 años de neoliberalismo, el voto contundente de más de 30 millones de mexicanos, constituye una revolución cívica que, sólo es el comienzo de los cambios que pueden realizarse, en la medida que el nuevo gobierno tome plenamente las riendas del poder, lo que aún no está garantizado, en parte por la ofensiva y las reacciones que ya empezaron por parte del capital y sus organismos empresariales y los grupos de derecha…”.

Se acepta entonces que se ganaron las elecciones, se tomó el gobierno en una opción política distinta a las anteriores del PRI y del PAN, pero se está en un trecho que le falta caminar en lo relacionado al cambió del régimen, asumir realmente el poder e impulsar un proyecto distinto, en lo que el propio López Obrador llama Cuarta Transformación.

Estas apreciaciones son completamente distintas y discrepantes con los planteamientos del EZLN, pues éstos parten de un análisis diferente sobre lo que es el país, pero también de una caracterización antípoda de lo que es y representa el gobierno de López Obrador.

Para el zapatismo no hay medias tintas, también opera bajo la óptica de la lógica formal y de esa manera, sólo hay un camino y una verdad, la suya. Me remonta a los viejos tiempos del sectarismo derivado del monolitismo dogmático, que nada ayudó a la izquierda socialista, ubicándola en la marginalidad.

Desde agosto del año pasado el EZLN señalaba que: “la cuarta transformación que promete López Obrador es en realidad la cuarta transformación del PRI. Pueden cambiar los gobiernos, pero si el sistema de dominación se mantiene, pasará lo mismo”. No dan ni siquiera el derecho de la duda, le apuesta al fracaso como tantos otros venidos de la reacción.

Desde la izquierda socialista, ni siquiera aquella que milita en Morena y que se reivindica como tal, ninguna acompaña acríticamente el proceso que conduce López Obrador, saluda lo reconocible, pero también subraya en lo que no se está de acuerdo, planteándose propuestas alternativas. Por ello me parece un exceso cuando desde el EZLN se señala lo siguiente:

“No cambiaremos nuestra historia, nuestro dolor, nuestra rabia, nuestra lucha, por el conformismo progre y su caminar detrás del líder… Tal vez el resto lo olvide, pero nosotros no olvidamos que somos zapatistas”.

Hasta aquí estoy hablando de tres vertientes que van por caminos propios, lo que tendríamos que dilucidar es si estas pueden confluir en algún punto. Me refiero al obradorismo, a la izquierda socialista y al zapatismo. Diferentes las tres, con apreciaciones propias y visiones particulares para el aquí y ahora.

Creo que las dos primeras sí podrían confluir sobre todo en la concreción de lo que ahora se conoce como Cuarta Transformación. Hay un rasgo nuevo que preludia esta consideración. La izquierda socialista desde antes incluso del triunfo de la coalición “Juntos haremos Historia” había venido planteando la necesidad de pugnar por un nuevo Constituyente, que sin perder de vista los aspectos rescatables de las Constituciones anteriores y vigente (1824, 1857 y 1917), se trabajase en un nuevo magno documento para el México del siglo XXI y de los escenarios actuales y venideros.

Ahora, en el marco de los festejos por el 102 aniversario de la Constitución, el presidente de la República ha posibilitado la convocatoria a un Constituyente, que para él puede darse a fines de su administración.

Con el zapatismo no se vislumbran confluencias, por lo menos hasta ahora, menos aún coincidencias en lo que se conoce como la Cuarta Transformación.

Daniel Carlos García Gómez
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Aguascalentense de nacimiento, comunista por convicción y médico por estudios en la UNAM. Militante activo de la izquierda marxista desde la década de los 70’s; fue miembro y dirigente de los partidos: PCM, MAUS, PSUM, PMS Y PRD. Periodista por vocación y colaborador de diversas publicaciones. Ha escrito diversos libros, entre ellos: “Fulgor rebelde. La guerrilla en Aguascalientes”, “El perredismo en Aguascalientes” y el “Diccionario de la Izquierda en Aguascalientes”, “Historia y situación del cooperativismo en el DF” y “Las mujeres en la Revolución Mexicana”. Fue Director de Capacitación para el Empleo del Gobierno del Distrito Federal (2000-2005); asesor del Srio. de Gobierno del GDF y Director de Estudios y Estadísticas del Trabajo (GDF 2007-2012). Actualmente es Gerente de Saludo en CENFES, AC, así como organizador y dirigente del Movimiento Comunista Mexicano (MCM).




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