El EZLN y la 4ta. Transformación
Rossy Villarruel Figueroa

Los pueblos originarios en nuestro país y en el mundo entero, han sido el sector de la sociedad más ignorado, saqueado y masacrado; el hecho de encontrarse la mayoría de ellos asentados en terrenos altamente redituables en recursos naturales, propicios para la minería, maderables, ganaderos o agrícolas, los hace blanco directo de la ambición y mezquindad de quienes mediante el poder y solapados por los gobiernos en turno eran obligados a huir para apoderarse de sus territorios.

Muchas comunidades de nuestro país a costa de perder lo material, luchan por preservar sus lenguas y costumbres ancestrales, pues para ellas esos legados son la herencia que tiene más valor que su propia existencia, y si, a una gran mayoría se le ha ido la vida en ello y, por otro lado, el éxodo hacia lugares que no son su lugar de origen huyen, aunque esto no les garantiza la sobrevivencia.

Por todos los tiempos, ríos de tinta han corrido y convertido a los pueblos originales en objetos de estudio, de investigación y decoro, pero nadie los ha mirado como sujetos dignos de un trato humano, otorgándoles la categoría de ciudadanos, como realmente les corresponde y esta circunstancia se ha repetido sexenio tras sexenio. El nuevo gobierno seguramente volteará los ojos y encontrara la manera de regresarles su estatus original.

Cada pueblo originario se rige por sus propias leyes y valores de vida; algunos las comparten con otros si corresponden a la misma región; entre ellos son solidarios y se apoyan mutuamente, y si ha surgido alguna desavenencia por lo general es por intervenciones externas de personas que no corresponden a su misma idiosincrasia.

Entre sus habitantes han existido y los hay todavía, líderes naturales hombres y mujeres, que defienden su pueblo con dientes y uñas, sabedores que su lucha, en el momento que trastoca intereses externos será de franca confrontación y en circunstancias totalmente desiguales. Aun así, la serie de asesinatos de luchadores/as no amaina el deseo de seguir intentando permanecer en su arraigo original.

También hemos observado como diferentes líderes de todas las corrientes ideológicas, pertenecientes a partidos políticos, organizaciones sociales o a nivel personal, que han desfilado por las comunidades, unos intentando catequizarlos, otros organizándolos para que se rebelen contra la opresión, y uno que otro mimetizándose con sus habitantes en una falsa empatía, que al final del día se descubre y brincan a otro lugar repitiendo el ritual para ser aceptados o viviendo a costa suya. Todo lo anterior en el afán de arrastrarlos e integrarlos a una modernidad civilizatoria de la cual a ellos no les interesa, en absoluto, ser parte.

Nadie niega la necesidad imperante de justicia que requieren los pueblos originarios, pero no como hasta ahora se les ha querido impartir, mediante la imposición de pensamientos o costumbres y que de no aceptar se recurre a la fuerza bruta, método muy utilizado para reprimir a las manifestaciones sociales que protestan por un estado de cosas diferentes.

La gestación de grupos al interior de las comunidades indígenas que buscan acceder a una vida más digna, no es nueva. En nuestro país, el caso emblemático y que fue el parteaguas en un momento de crisis social y económica, fue el surgimiento del EZLN, que simbolizó en su momento una esperanza real y legitima, considerado por muchos analistas políticos y sociólogos como el movimiento indígena mejor organizado y cohesionado de todos los tiempos.

Para los partidos de izquierda y otros grupos asumidos como tal, muy constreñidos en su participación política, el EZLN con el subcomandante Marcos al frente significó el arribo de un movimiento de masas que pondría en jaque al gobierno en turno y dictaría otras normas de convivencia entre las comunidades, pero, además, sería un ejemplo para otros sectores que por vía sindical o electoral mantenían un activismo organizado con miras al rescate de demandas arrebatadas o no concedidas bajo pleno derecho.

Cuando el 1º de enero de hace 25 años amanecimos con la noticia del levantamiento armado de “los zapatistas”, estoy segura que sólo en la clase política en el poder y sus aliados no hubo entusiasmo. Entre alegría, incertidumbre y unas ganas tremendas de saber más sobre lo que estaba pasando -recordemos que por diez años se mantuvo en la clandestinidad- seguimos los acontecimientos en Chiapas, un estado hermanado con otros en número de pueblos originarios, que se había levantado en armas, pero además con un ingrediente sumamente importante: la participación activa de mujeres indígenas portando sendos rifles, bien entrenadas y dispuestas a usarlos en el momento preciso.

El mundo entero tenía los ojos puestos en los sucesos que iban pasando día a día en nuestro país; se escribían verdades, pero también muchas interpretaciones, el sello distintivo del pasamontaña, sugería la idea de seguir manteniendo en incognito su identidad; por miedo o estrategia, solo ellos lo saben; lo que sí es una gran verdad es el resultado real de la visibilización de una problemática social, que nadie hasta la fecha y con esa contundencia le había dado la cara a la humanidad.

Al estado, en su momento encabezado por Carlos Salinas, le cayó una bomba de tiempo, y de no ser por la buena aceptación social que cobijo al movimiento zapatista, desde un inicio hubiera sido acabado, aunque no se libraron de ello, ya que posteriormente Ernesto Zedillo ordenó la masacre de Acteal y El Bosque.

Para militantes e intelectuales de izquierda, fue la gran oportunidad de reorientar y estimular acciones estancadas, claro, cada quien en su área de influencia. En la mayoría de los estados, se crearon comités en apoyo al movimiento zapatista, promoviendo los discursos del subcomandante Marcos, escritos con sencillez y tocando fibras sensibles que se adecuaban a las luchas que cada movimiento social urbano venia librando.

Los discursos del sub Marcos estaban llenos de emotividad y esperanza, aquí rescato uno que personalmente me gusta: “que la libertad tenía que ver también con el oído, la palabra y la mirada. Que la libertad era que no tuviéramos miedo a la mirada y a la palabra del otro, del diferente. Pero también que no tuviéramos miedo a ser mirados y escuchados por los otros. Que la libertad no estaba en un lugar, sino que había que hacerla, construirla en colectivo. Que, sobre todo, no se podía hacer sobre el miedo del otro que, aunque diferente, es como nosotros”.

Hubo quienes mantenían y seguramente mantienen, una relación estrecha con el sub Marcos, y las visitas a la selva lacandona eran frecuentes, previo a la recolección por parte de los comités, de libros y otros materiales –me consta- que les eran entregados personalmente, independientemente de los congresos abiertos que se realizaban en los cuales podían participar quienes pudieran, claro bajo reglas estrictas de seguridad y con la vigilancia estrecha del ejercito zapatista.

Sin embargo, el ejército mexicano continúa apostado en la selva lacandona y como perro guardián no ha permitido que los planes emancipatorios y expansivos originales del EZLN se concreten plenamente.

¿Qué pasó después?, poco a poco se fue diluyendo el movimiento, perdiendo ímpetu, la muerte de la Comandanta Ramona dejó un gran vacío, luego el cambio de dirigencias del sub Marcos por Galeano, Moisés, etc., quedando algunos rescoldos que esporádicamente hacen apariciones a través de colectivos como “Los de abajo” y “La otra campaña”.

La aparición en la vida pública y política del Movimiento de Regeneración Nacional, como A.C. encabezado por Andrés Manuel López Obrador, con una propuesta clara para llevar al país a un cambio verdadero vía electoral, y dada la trayectoria de honestidad y justicia del líder moral, quienes nos asumimos de izquierda, más otras corrientes democráticas nos sumamos a las filas del Morena para concretar lo que íntimamente estaba resguardado en nuestros corazones, y por lo que habíamos trabajado bajo otras siglas o a nivel personal, pues se coincidía en el mismo proyecto de cambio por la línea pacífica.

El EZLN desde su surgimiento, siempre denostó la figura de los partidos políticos. Se pensaba, entonces, que su aversión se debía a la histórica función que estos institutos políticos han desarrollado de entreguismo, demagogia y favoreciendo siempre a una sola clase. Pero la sorpresa ha sido que, ni Morena que mantiene una línea política horizontal bajo consignas como “primero los pobres”, “al pueblo lo que es del pueblo” o sus tres pilares básicos: no robar, no mentir y no traicionar, han sido creídas y menos aceptadas por el Ejército Zapatista, y cuando el sub´Marcos era su vocero, declaraba repetidamente que todos los partidos eran iguales.

Desde el primero de julio del año pasado y atendiendo al Proyecto Alternativo de Nación, documento rector del gobierno federal, en el que se contemplan las acciones de tipo social y económica que se implementaran en el país, y donde por supuesto están impresos algunos megaproyectos cuyas áreas de influencia trastocan territorios indígenas, motivaron el descontento del EZLN que aprovechó el  escenario del 25 aniversario de su organización, para lanzar sendas acusaciones al gobierno federal, responsabilizándolo de la devastación ecológica, y hasta de despojo de algunas comunidades por donde se construirá, por ejemplo El tren Maya.

Ni las sentidas palabras llenas de emoción sobre su estado actual de soledad y aislamiento, generaron en la población un poco de piedad e Inmediatamente las reacciones se dejaron venir, principalmente en redes sociales contra del EZLN, revirándole su falta de involucramiento en los procesos político/electorales que ha librado Morena para derrocar a los gobiernos anteriores, donde el actual presidente ha repetido en repetidas ocasiones que su gobierno, gobernara para todas y todos los habitantes de este país, incluidos por supuestos los pueblos originarios.

Dos razones, un mismo país

Es una gran pena que dos fuerzas tan importantes para el desarrollo del país, que bien pudieran equilibrar las balanzas para que el cambio social, económico y político se logre de manera integral, hoy a partir de las declaraciones del sub Moisés, se hayan polarizado tanto, pues cada una con sus propios motivos y razones son importantes para lograr, por fin, la paz.

Más allá de simpatías por Morena en la persona de Andrés Manuel López Obrador o del EZLN, a quien no se le puede negar que representa una gran influencia en zonas muy importante del territorio mexicano, y personalmente no dudo de sus legítimas intenciones, vale el reconocimiento total a ambas. Lo que tocaría -desde mi punto de vista- en lugar de incendiar las redes con comentarios encontrados, es generar discusiones serias y responsables desde diferentes espacios para contrarrestar la guerra mediática, que al final, sólo da elementos a la oposición para continuar con su guerra sucia.

Qué significa esto para las Izquierdas

A la mayoría de los seres humanos nos gana el sentimentalismo que milita en Morena, somos más emotividad que pensamiento crítico, quiero pensar que también falta información objetiva para que los criterios no se ladeen hacia un solo lado; sin embargo, así están las cosas y habría que atender a la congruencia y quienes nos asumimos de izquierda, generar espacios de discusión donde prive sobre todo la crítica constructiva.

El EZLN y la 4ª. Transformación, son dos entes sociales que primordialmente buscan mejorar las condiciones de vida de quienes habitamos este país, no importa el color, estatus, raza o religión; luego entonces, sólo falta un ingrediente muy escurridizo, por cierto, que es la voluntad.

También considero que, para las diferentes corrientes de izquierda, es una oportunidad para explayarse y exponer sin temor, propuestas guardadas en el baúl, que, por temor a ser reprimidas en lo inmediato, no se atrevían a salir. Que Las disidencias nos sirvan para construir las coincidencias, sólo así avanzaremos hacia un verdadero estado de derecho donde quepan todas las ideas y tenga un lugar de privilegio.

Rossy Villarruel
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Feminista, luchadora social, principalmente por los derechos humanos de las mujeres y las niñas. Psicoterapeuta Gestalt y sexóloga. Militante activa de Morena en Colima. Integrante de redes, grupos y colectivos de mujeres. Columnista de opinión y articulista en temáticas sociales y con perspectiva de género.




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