¿Qué país queremos y qué izquierda necesitamos?
Enrique Velázquez Zárate

A finales del Siglo XIX y hasta las décadas 70-80 del Siglo XX, la izquierda en todo el mundo promovió revoluciones y movimientos pacíficos con el objetivo de mandar al capitalismo al basurero de la historia e instituir el socialismo en tránsito al comunismo. No obstante, desde la década de los años 90 del Siglo XX, empezando por la disolución de la Unión Soviética, la utopía se derrumbó y el capitalismo cobró más fuerza que nunca. Tanto así que actualmente Rusia y China, principales adalides revolucionarios, se desarrollan intensamente con dicho modo de producción, al grado que amenazan con disputar el liderazgo mundial a Estados Unidos, calificado como el imperio capitalista por excelencia.

 

A partir de entonces, la izquierda en el mundo, que se supone no renuncia a la utopía de instaurar un modo de producción distinto, ha reflexionando sobre diversas posibilidades para lograrla. Destacadamente, el Estado de Bienestar, la Economía Social de Mercado y el Socialismo por la vía democrática. Así las cosas, desde la década de los 90´s a la fecha diversas expresiones con ideología de izquierda han gobernado distintos países. No obstante, no han logrado la consolidación de la utopía, siendo avasallados por el modo de producción capitalista en su intensa fase neoliberal. Actualmente el modo de producción capitalista gobierna el mundo con más fuerza que nunca.

 

Este es el contexto con el cual la izquierda, en cualquiera de sus expresiones, tiene que reflexionar para impulsar una alternativa que trascienda a futuro de manera que la humanidad se libere de la imposición de los valores capitalistas, sustentados desde sus orígenes en el materialismo productivo y consumista, en favor de los dueños del capital, a quienes les interesa la acumulación de la riqueza por encima de los intereses humanos y de los recursos naturales que, se supone, son patrimonio de toda la humanidad.

 

Desde este contexto, aterricemos a la realidad mexicana que, obviamente, no es una excepción. Después de fallidos intentos revolucionarios de diversa índole, a partir de la década de los años 80 del Siglo XX, la izquierda mexicana transitó al terreno democrático electoral y de la utopía social/comunista a la reivindicación de los valores de la Revolución Mexicana, para impulsar un inconcluso Estado de Bienestar que fue echado por la borda con el advenimiento del modelo capitalista neoliberal.

 

La apuesta se centró en la institución del Frente Democrático Nacional y la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas, derrotada por un grotesco fraude electoral fraguado por el PRI y el PAN. La parte positiva fue la creación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) que en adelante impulsaría dicho proyecto, con un blindaje popular con el que obtuvo una importante representación en el Congreso de la Unión en el periodo 1988-2012. Además, en 1997, ganó la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal con Cuauhtémoc Cárdenas a la cabeza y, más adelante, otras gubernaturas en varias entidades en el país.

 

Asumiendo los desafíos y las limitaciones, el PRD fue un relativo contrapeso legislativo a nivel federal y, en la Ciudad de México, impulsó políticas públicas y reformas legislativas locales tendientes a fortalecer el Estado de Bienestar. No obstante, ante la resistencia del modelo neoliberal y su descomposición interna, fue paulatinamente fagocitado por el sistema y el régimen político, hasta llegar a los límites de una enfermedad incurable y mortal, de acuerdo con los resultados de las elecciones federales del 2018.

 

Sin embargo, el deslinde de AMLO y la creación de Morena, aunado a los resultados del gobierno de EPN y el desgaste del PAN, permitieron que por fin, tres décadas después, la izquierda ganara la presidencia de la república y una mayoría abrumadora en el Congreso de la Unión, gubernaturas, ayuntamientos y congresos locales. En este escenario se supone que tiene buenas condiciones para imprimir un giro al modelo de desarrollo (que no al modo de producción) desde una cosmovisión donde el interés social predomine sobre el interés del capital. Podría decirse que, en términos generales, algunos planes, proyectos, programas y acciones de la llamada Cuarta Transformación podrían tener esa tendencia, y podrán evaluarse conforme se ejerza el Poder del Estado y del Gobierno Federal, ante la resistencia de poderes fácticos y las realidades conceptuales y financieras.

 

Al respecto, sería importante poner un claro y determinante acento en el sector social de la economía, pero no desde una visión de predominio del mercado como la prevaleciente, sino desde la óptica de la Economía Popular y Solidaria. Eso, a nuestro juicio, daría lugar a dos propuestas: por un lado, instituir la Secretaría de la Economía Popular y Solidaria, en sustitución de la asistencialista Sedesol; por otro lado, sería trascendente una reforma que fortalezca e instituya una muy sólida banca pública de ahorro, inversión y desarrollo, como contrapeso del abusivo sistema financiero y bancario prevaleciente. Veamos:

 

  1. Economía popular y solidaria

 

La economía social desde una perspectiva popular y solidaria tiene una representación importante en varios países del mundo. Francia tiene el Ministerio de la Economía Social, que promueve a 200 mil empresas que generan dos millones de empleos y el 10% del PIB de ese país[i]. En España hay más de 45 000 empresas que generan el 10% del PIB y el 12% del empleo[ii]. En Italia, el tercer sector genera anualmente ingresos por 274 000 millones de dólares (14% del PIB), cuenta con 700 000 empleos y con 4.7 millones de voluntarios. En Alemania y Holanda, representan el 22% y 25% del mercado, respectivamente, y son tan competitivas como las empresas tradicionales[iii].

 

A su vez, de acuerdo con el Diario Oficial de la Federación[iv]:

 

… El papel de la economía social en Europa es relevante en términos sociales y económicos, pues proporciona empleo remunerado a más de 14.5 millones de personas, cerca del 6.5% de la población ocupada de los países que integran la Unión Europea (UE). En países como Suecia, Bélgica, Italia, Francia y los Países Bajos, las personas empleadas en el Sector Social de la Economía representan entre el 9% y el 11.5% de la población ocupada. En el periodo 2002-2010, el empleo generado por el Sector Social de la Economía en los 15 países fundadores de la UE creció 25.1%.

 

… las cooperativas siendo una de las figuras más identificadas de la economía social, aportan entre el 80 y el 99% de la producción lechera en Noruega, Nueva Zelanda y Estados Unidos; el 71% de la actividad pesquera en Corea, el 40% de la agricultura en Brasil, el 25% del ahorro en Bolivia, el 24% del sector de la salud en Colombia, el 55% del sector de ventas al menudeo en Singapur, el 36%  en Dinamarca y el 14% en Hungría.

 

… respecta a los socios comerciales de México en el TLCAN, destaca que en Canadá las cooperativas representan 7.8% del PIB (mayor que el sector automotriz o manufacturero), empleando alrededor del 11% de la población económicamente activa. El banco cooperativo más grande de Canadá facturó casi 13 mil millones de dólares estadounidenses. En Estados Unidos se registra el mayor movimiento global de facturación de las cooperativas con 662.23 mil millones de dólares, cifra aproximada al 3.9% del PIB de ese país. Las operaciones más grandes se encuentran en el sector de servicios de salud donde las dos cooperativas líderes facturaron 7.35 mil millones de dólares en 2013. La cooperativa de seguros más grande facturó más de 57 mil millones y los cinco mayores bancos cooperativos sumaron facturaciones por más de 16 mil millones de dólares. En la región Latinoamericana destaca Brasil, donde el cooperativismo representa el 6% del PIB.

 

Es evidente que en estos ejemplos existen instituciones, políticas y financiamiento público de gran envergadura. Ese no es el caso de México, pues tanto las políticas públicas como el financiamiento para impulsar las actividades de la economía social son marginales, pues en dicho sector se invierte menos del 1% del gasto total federal, según datos del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Publica (CESOP) de la Cámara de Diputados.

 

Así, para que la economía social tenga el peso que debe tener, para colocarla al tú por tú con los sectores público y privado, es indispensable impulsar una alternativa que garantice planificar, integrar y regular una política programática y un sistema público, tanto a nivel federal como en los órdenes estatales y municipales, con un financiamiento suficiente. Es importante recordar que la Economía Social y Solidaria pretende relaciones de producción, distribución, consumo y financiamiento basadas en la justicia, cooperación, reciprocidad y ayuda mutua, situando a las personas y su trabajo en el centro del sistema económico, al servicio de todas las personas y de la reproducción de la vida en el planeta.

 

Para lograr tal objetivo y considerando las extremas limitaciones de la actual política destinada a la economía social, ni duda cabe que dicha realidad exige la creación de una Secretaría de Estado que asuma en específico dicha responsabilidad, tal y como refieren destacadas experiencias exitosas en otros países del mundo.

 

  1. Banca pública de ahorro, inversión y desarrollo

 

Las consecuencias globales de la denominada crisis hipotecaria del 2008 son ampliamente conocidas y, dada su gravedad, desde entonces y hasta la fecha, se han realizado un sinfín de investigaciones y análisis con el propósito de evaluar los desafíos del futuro. La conclusión de la mayoría de los estudios es contundente: el capital financiero domina y subordina al mundo, propiciando un estancamiento económico de largo plazo y la amenaza de un colapso del sistema financiero y bancario global.

 

Al respecto citemos a George Soros, conocido y poderoso magnate, multimillonario, especulador financiero y filántropo:

… Los tipos de interés, los tipos de cambio y las cotizaciones bursátiles en diversos países están íntimamente interrelacionados y los mercados financieros globales ejercen una gran influencia sobre las condiciones económicas. Dado el decisivo papel que desempeña el capital financiero internacional en la fortuna de algunos países, no es inoportuno hablar de un sistema capitalista global.

 

A su vez, es importante considerar que a juicio del FMI:

… La desaceleración constante del crecimiento mundial ha instalado en los mercados financieros la expectativa de un período dilatado de baja inflación y bajas tasas de interés, y de un retraso aún más prolongado hasta que se haga efectiva la normalización de la política monetaria… La falta de crecimiento de los ingresos y el aumento de la desigualdad deja a las economías y a los mercados expuestos a shocks y exacerba el riesgo de que se hundan poco a poco en el estancamiento económico y financiero. En tales condiciones, las instituciones financieras luchan por mantener balances sólidos, y eso debilita el crecimiento económico y la estabilidad financiera.

 

Al respecto es crucial considerar los impactos del capital financiero sobre los sistemas bancarios, tal y como revela la Autoridad Bancaria Europea (European Banking Authority) en El Informe de Evaluación de Riesgos EBA, 2013[v]. Otro referente es la obra de Ellen Hodgson Brown, fundadora y Presidenta del Instituto de la Banca Pública[vi], especialmente en La Telaraña de la deuda y La solución del Banco Público. El Instituto señala que:

El sistema bancario privado actual ha presidido la mayor concentración de riqueza en la historia humana, mientras que la gran mayoría en Estados Unidos y el mundo ha soportado salarios estancados, disminución de la riqueza y recesiones recurrentes. In contrast, public banks empower small businesses, students, homeowners, city and state governments, and community banks to prosper and thrive by banking for the common good over the long term, and making low-cost credit available where it is needed in the real economy.

 

A su vez, en La Telaraña de la deuda, teniendo como referente el caso de Estados Unidos:

… La producción de dinero se ha privatizado y es causada por un cartel de dinero privado. Con excepción de la moneda, nuestro dinero es ahora producido por préstamos autorizados por instituciones bancarias privadas, incluyendo a la Reserva Federal. Los bancos producen el capital pero no el interés para el pago de sus préstamos, lo cual exige otros y otros préstamos, ensanchando la oferta monetaria, inflando los precios y robando el valor del dinero de los usuarios.

 

Evidentemente, de ninguna manera se puede descartar la hipótesis de una nueva crisis financiera internacional si consideramos las actuales condiciones objetivas y asumiendo como referente la del 2008. Las consecuencias para una economía como la mexicana serían muy adversas, más aún cuando no se han fortalecido los instrumentos públicos. Por ello es tiempo de tomar la iniciativa y aprovechar la situación para impulsar un polo de banca pública comercial y de inversión que habilite las garantías ante los desafíos.

 

En la estrategia de imponer el modelo de desarrollo neoliberal fue clave la desestatificación de las 18 instituciones de la banca comercial pública (1991-1992), bajo el supuesto de que eso reduciría el gasto de la administración a cargo de las finanzas públicas e involucraría a la iniciativa privada en el proceso productivo, promoviendo la competitividad de mercado en beneficio de los usuarios del país.

 

No obstante, el sistema privatizado entró en quiebra, razón por la cual el gobierno propuso rescatarlo con un alto costo para el crecimiento de la economía y el bienestar de los ciudadanos, pues el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (FOBAPROA), sustituido luego por el IPAB, significó la socialización de las pérdidas en beneficio de la privatización de las ganancias. Así, el Estado asumió la cartera de créditos incobrables y fraudulentos sin que los accionistas de los bancos perdieran sus inversiones, recibiendo además garantías futuras favorables para las mismas. Los saldos de este proceso son conocidos: la casi absoluta cesión de la rectoría del Estado al mercado monopólico y oligopólico, con predominancia trasnacional y financiera; y una clase política que abandonó el liderazgo en defensa del interés nacional y se transformó en la gerencia de los intereses del capital.

 

En el contexto de la desestatización y del TLCAN, en un comparativo entre 2001 y 2015, los datos indican retrocesos en todos los indicadores macroeconómicos importantes:

 

  1. Pasamos de ser la economía 8 a la 15 en términos del PIB, perdiendo siete lugares.
  2. La participación de México en el PIB mundial se redujo al pasar de 2.65% a 1.59%.
  3. En cuanto al PIB Per Cápita perdimos 33 lugares en el ranking al pasar del 41 al 74.
  4. Como país exportador perdimos un lugar al pasar del 12 al 13.
  5. Perdimos lugares en todos los indicadores del Valor Agregado Nacional: A. En el porcentaje de productos mexicanos en la exportación total perdimos 8; B. Como país exportador sin reexportación perdimos 12; C. Nuestra participación en la exportación mundial sin reexportación un -0.26%.
  6. A su vez como destino de la Inversión Extranjera Directa (IED) perdimos 10 lugares.
  7. En la competitividad mundial perdimos 17 lugares.

 

Considerando el referido contexto histórico, la situación actual y la perspectiva de futuro, en muchos países del mundo se analiza la necesidad de revitalizar y fortalecer la banca pública comercial y de inversión como una herramienta del Estado que controle y sea competencia directa de la banca privada en beneficio de las personas, familias y empresas, priorizando el incentivo de inversiones con fondo social para la actividad productiva y la creación de empleo, fortaleciendo a los agentes más vulnerables de la economía, preferentemente en el financiamiento a las PYMES y emprendedores sociales, que accederían con mayor facilidad al financiamiento y a mayor margen de rentabilidad.

 

Ello explica en parte que en México, de un total de 46 bancos comerciales, cinco de los siete más poderosos son extranjeros: Bancomer (España); Banamex (EUA); Santander (España); HSBC (Inglaterra) y Scotiabank (Canadá). Y por supuesto, aportan importantes ganancias a sus matrices. Las ganancias para sus matrices son las siguientes (2014):

 

  1. BANCOMER (banco más grande en México). Obtuvo una ganancia aproximadamente de 42 000 millones de pesos. El 41.5% representa el total de las ganancias de su matriz.
  2. BANAMEX (segundo banco más importante en el país). Ganó alrededor de 110 000 millones de pesos, y lo que aportó la franquicia mexicana fue del 14.5%.
  3. SANTANDER (tercer lugar del sistema bancario). La ganancia que obtuvo fue alrededor de 93 000 millones de pesos, de lo cual aportó a su matriz 11.3%.
  4. Es uno de los bancos más débiles en México, ya que su aportación es alrededor del 5%.
  5. HSBC (tercer banco más importante del mundo). Su utilidad neta cayó 47% respecto del 2013 (pasó de 3 714 millones a 1 981 millones). Reportó una utilidad global aproximada de 205 000 millones de pesos. La aportación que hizo México fue del 1%.

 

Comparado con lo que ocurre en otras economías emergentes, el crédito del sistema bancario en México es bajo: como proporción del PIB, el crédito total del sistema bancario no ha podido recuperar los niveles que observaba en 1994, cuando representó el 47.3%, y del cual la banca comercial participaba con 33.4% y la banca de desarrollo con 13.9%. De acuerdo con el Banco Mundial, en otras economías latinoamericanas el crédito interno como proporción del tamaño de su economía fue de 71.2% para el caso de Chile y de 98.3% para el caso de Brasil. En tanto que en economías asiáticas como India, Corea del Sur y China, dicho indicador se ubicó en 74.1, 102.7 y 145.5%, respectivamente.

 

En México, la banca comercial ha privilegiado el crédito al consumo. Al cierre de 1994, el crédito orientado al sector industrial y al sector servicios representaba el 25.8 y 34.6% de la cartera total de la banca comercial. En tanto que el crédito al consumo constituyó el 7.6%, el crédito al sector público el 3.3% y el crédito al sector agropecuario el 6.4%. No obstante, al primer trimestre de 2013, el crédito al sector servicios redujo su participación a 21.3%, el crédito al sector industrial a 19.6% y al sector agropecuario a 1.8%. Mientras que el crédito al consumo aumentó al 22.3% del total y el del sector público pasó a 13.6%.

 

Otro problema que enfrentan los usuarios de los servicios financieros en México es el alto costo del crédito que utilizan y el bajo rendimiento de los productos de ahorro tradicionales. Durante los últimos años el costo anual total de los clientes de tarjetas de crédito se ha ubicado alrededor del 30%, en tanto que el de los créditos hipotecarios ha rondado el 15%. En cambio, el rendimiento que reciben los ahorradores en instrumentos de captación como los pagarés con rendimiento liquidable en 28 días ha sido cercano al 1.3%, y el de los Cetes a 28 días se ha ubicado entre 4.0 y 4.5%, en promedio.

 

En México también es reducido en número de empresas que cotizan en el Mercado de Valores. De acuerdo con el Banco Mundial (2011) en el país había 131 empresas inscritas en el Mercado de Valores, mientras que en países como Brasil, Chile, Corea del Sur y China, el número de empresas era de 353, 225, 1 767, y 2 mil 494, respectivamente. El valor de capitalización de nuestro mercado de valores como proporción del PIB, se encuentra relativamente rezagado respecto de lo que ocurre en otras economías emergentes. Según el Banco Mundial (2011), el valor de capitalización de las empresas listadas en el Mercado de Valores mexicano fue de 35.4% del PIB, mientras que en países como Brasil, Corea del Sur y Chile, dicho porcentaje se ubicó en 49.6, 89.1 y 108.7%, en cada caso.

 

Así pues, de acuerdo con lo anterior, quienes defienden la “perfección” del libre mercado y su supuesto efecto positivo en el desarrollo global y el bienestar de la humanidad, han expuesto sus tradicionales argumentos técnicos en contra de la intervención del Estado en el Sistema financiero y de la banca pública, respaldados en algunas experiencias efectivamente negativas, pero resulta que no tienen argumentos técnicos sólidos y mucho menos éticos para refutar el fracaso sistémico –no circunstancial- del actual Sistema Financiero y de la banca privada, tal y como, repetimos, lo demostró la experiencia de la Gran Recesión de 2008 y las perspectivas a futuro citadas.

 

Además, omiten o reniegan sin sustento experiencias exitosas de la banca pública como: Dakota del Norte (EUA), los bancos públicos alemanes, el BPI en Francia o el Banco del Agua holandés. Otro referente son los países agrupados en los BRIC’s, donde los activos de sus bancos públicos son: China 93%, India 78%, Rusia 60% y Brasil 45%[vii].

 

Es decir, tal y como señalamos, en los patrones económicos dominados por la gran banca privada, el desarrollo productivo tiende progresivamente a perder dinamismo y ser avasallado por el endeudamiento, el consumismo y la financiarización de la economía. Por el contrario, el dominio de la banca pública subordina a los poderes fácticos económicos al interés social y es un instrumento para impulsar modelos de desarrollo socioeconómico.

 

En síntesis: los hechos demuestran claramente que es falsa la tesis que los mercados generan por sí mismos resultados positivos y una justa distribución de la riqueza, lo cual implica revisar, una vez más, el papel que debe jugar el Estado, sin prejuicios ni dogmas, con una visión de normas equitativas y justas, cuyo enfoque principal sea combatir la desigualdad y la pobreza.

 

Al respecto citamos: “No se trata solamente de que el capital financiero abdique al trono. Se trata de abolir la monarquía en la que la lógica financiera domina el resto de la economía. El sucesor debe ser el control social sobre la actividad financiera y bancaria”.[viii]

 

Y rematamos con Joseph Stiglitz: “Las cinco pifias del sistema financiero: a) diferencia entre la rentabilidad social y privada; b) instituciones financieras desmedidamente grandes como para colapsar y excesivamente costosas para rescatar; c) tránsito de la banca a la titulización; d) bancos comerciales con modelo de alto riesgo-alta rentabilidad; y e) banqueros irresponsables”.

 

Ante este escenario es importante e indispensable revalidar la jerarquía del gobierno para el rediseño del sistema económico que impulse un bienestar sustentado en una integración solidaria y responsable, con un nuevo sistema mundial de reservas y de gobierno global. Ello supone reinventar las disciplinas económicas para que ya no sean fogosas fanáticas del capitalismo de libre mercado y rescatar la equidad y el bienestar social para prevenir las crisis.

 

De acuerdo con lo anterior sería necesario reformar la Constitución Política para instituir un Banco Público autónomo, con calidad de empresa del Estado, de primero y segundo piso, que tendría por objeto impulsar el ahorro nacional, generar crédito para las actividades productivas, el comercio, los servicios y el consumo, en beneficio de los usuarios y no de los accionistas de las empresas financieras y bancarias.

Notas:
[i] http://www.ambafrance-cl.org/Francia-y-la-economia-social-y
[ii] http://www.rencontres-montblanc.coop/es/page/vuelta-del-mundo-de-las-leyes-sobre-la-econom-social-y-solidaria
[iii] http://www.emol.com/noticias/economia/2015/05/07/715948/cooperativas-en-chile-fds.html
[iv] http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5397085&fecha=18/06/2015
[v] http://www.eba.europa.eu/-/the-eba-risk-assessment-report-july-2013.
[vi] http://www.publicbankinginstitute.org/: Nuestro sistema bancario privado actual ha presidido la mayor concentración de riqueza en la historia humana, mientras que la gran mayoría de América y el mundo ha soportado salarios estancados, disminución de la riqueza y recurrentes recesiones. In contrast, public banks empower small businesses, students, homeowners, city and state governments, and community banks to prosper and thrive by banking for the common good over the long term, and making low-cost credit available where it is needed in the real economy. Por el contrario, los bancos públicos dan poder a las pequeñas empresas, estudiantes, propietarios de viviendas, gobiernos de ciudades y estados y bancos comunitarios para prosperar y prosperar, a través de la banca para el bien común a largo plazo y hacer que el crédito de bajo costo esté disponible en lo real economía. PBI is at the forefront of the public banking movement in the 21st century.Vanguardia del movimiento de la banca pública en el siglo XXI, para: reducir drásticamente los costos de los préstamos para los gobiernos y de los usuarios; ahorrar dinero a los contribuyentes eliminando los grandes honorarios bancarios; permitir la financiación a bajo costo de proyectos de infraestructura pública; apoyar a los bancos comunitarios; crear puestos de trabajo.
[vii] https://es.scribd.com/document/251115371/PODER-Y-BANCA-PUBLICA-EN-LOS-BRICS. Tienen en común una gran población (China e India por encima de los mil cien millones, Brasil y Rusia por encima de los ciento cuarenta millones), un enorme territorio (casi 38,5 millones km²), lo que les proporciona dimensiones estratégicas continentales, una gigantesca cantidad de recursos naturales y, lo más importante, las enormes cifras que han presentado de crecimiento de su producto interno bruto (PIB) y de participación en el comercio mundial en los últimos años, lo que los hace atractivos como destino de inversiones.
[viii] La monarquía del capital financiero, Alejandro Nadal. La Jornada, 4 de junio de 2014.

 

Enrique Velázquez Zárate
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Egresado de la Facultad de Economía (UNAM). Catedrático de la UAS y de la UAG. Investigador en temas económicos, sociales y políticos con ensayos y artículos publicados en libros, revistas y periódicos. Integrante y asesor de movimientos y organizaciones sociales para el impulso de alternativas de desarrollo regional ambientalmente sustentable. Jurado de la convocatoria para el financiamiento de proyectos de organizaciones sociales y asociaciones civiles por parte de la Jefatura de GDF y la Agencia Internacional Novib. Director de Atención a Pueblos y Comunidades Indígenas, DIF-DF. Integrante del Grupo Coordinador del Estudio para el Programa Nacional México sin Hambre, realizado por la FAO. Asesor Parlamentario en las Cámaras de Diputados y de Senadores.




6 Comentarios

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