Parlamento y gobernanza democrática
Isael Petronio Cantú Nájera

El insufrible Estado capitalista y su filosa vertiente neoliberal nos hace recordar a cada rato, de manera nostálgica, la idea marxista de la extinción del Estado… pero ¿hasta cuándo?

 

La crisis global del 2008, con la quiebra por primera vez de un país y miles de fábricas, comercios y bancos, sigue creando estragos en todas las economías y está llevando al mundo al borde de un holocausto de una última y definitiva guerra o a una crisis ecológica que borrará a la especie humana de la faz del planeta.

 

En México, los datos económicos, si bien a nivel macroeconómico parecieran a la vista de analista proclives al sistema como buenos, a los ojos de la mayoría de la gente son simplemente desastrosos: más de la mitad viviendo en la pobreza y la pobreza extrema; derrumbe de los sistemas sociales que el Estado de manera histórica estaba obligado a brindar a sus ciudadanos y de manera más tajante el quiebre del Estado de Derecho penetrado por una galopante corrupción, cuyo ejemplo mayor es la conducta del propio presidente de la República y el caso de la Casa Blanca, así como del asesinato de, ahora ya, millones de mexicanos y mexicanas… patético y peligroso el escenario que vivimos y para terminar en esta oscura noche: el narcotráfico y demás grupos criminales, deambulan por doquier, armados retando a las fuerzas propias del Estado y creando espacios de anarquía o protoestados que minan la integridad de México como un todo.

 

Así, la lucha de clases no solamente se ha agudizado, sino que ese tercer factor de delincuencia organizada (lumpenproletariado) amenaza seriamente la continuidad e integralidad de nuestro país.

 

El primero de julio, en las más grandes elecciones concurrentes, la ciudadanía se volcó para darle el voto al Movimiento de Regeneración Nacional y su candidato a la presidencia Andrés Manuel López Obrador, ese voto, se ha interpretado de buen modo como una revolución silenciosa y profundamente cívica, derrotando a los grupos de derecha y a una seudoizquierda representados por el PRI, el PAN y el PRD mayoritariamente y a los partidos satélites que eran utilizados simplemente para dispersar el voto.

 

De manera inusual, por lo menos desde hace 21 años, ningún partido tenía la mayoría de las cámaras del Poder Legislativo y la representación del Poder Ejecutivo, alineadas de tal modo que le permitiera, sin tanto forcejeo y regateo, hacerle cambios profundos a la Carta Magna. Ahora MORENA y su candidato tiene una oportunidad histórica de construir un nuevo Estado… pero ¿qué tipo de Estado, qué tipo de gobierno y después quien asume el flanco izquierdo de la nueva hegemonía?

 

Empecemos por trazar las gruesas líneas del Estado que debe emerger de esta crisis y su tipo de gobierno.

 

Contra el Estado Capitalista Neoliberal se debe oponer uno de corte profundamente social, es decir, que sus fines se alejen del brutal modelo de producción y ganancia capitalista, del mercantilismo y el consumismo irracional, así como de un industrialismo y desarrollismo que amenaza la vida en el planeta y en el país, por uno de economía social que regule de mejor manera la relación entre el trabajo y el capital, distribuyendo de manera equitativa la riqueza y le permita a las grandes masas tener modelos de producción autogestivos, mercados regulados y comercio justo donde la centralidad esté en el bienestar del pueblo y el bien común y no la pura ganancia del capital; esa autogestión debe ser la piedra de toque de una real y auténtica democracia, no la que simplemente dirige, sino la que involucra a todos y todas en el trabajo real solidario y sostenible, a la par, se debe construir, expandir y consolidar nuestra educación a nivel nacional y hasta grados de maestrías y doctorados: no puede haber un país democrático, con justicia social y una economía solidaria que desaparezca la pobreza, si no existe un ciudadano, una ciudadanía realmente educada en esos principios y con esos saberes y habilidades que construyan una gobernanza democrática… pues hasta hoy, tenemos una mala educación académica y una pésima cultura montada en el ejemplo del autoritarismo, del egoísmo y del individualismo que impide los cambios profundos que requiere y debe hacer el nuevo Estado.

 

Derivado de lo anterior, resultan pertinentes, los cambios sustantivos en el modelo de gobierno. Es obvio que es anacrónico el sistema presidencialista, no solamente por su marcado autoritarismo y la subsumisión de los poderes judicial y legislativo al poder ejecutivo, sino porque enajena aún más la representación real del pueblo, es decir, no simplemente estamos hablando de la crisis de representación del poder soberano del pueblo, sino de su corrupción y la transformación caricaturesca del presidente en un vulgar monarca populista, ignorante y preso de sus deseos y caprichos infantiles o psicóticos.

 

El nuevo gobierno debe nacer de un nuevo acuerdo constitucional donde el pueblo, la ciudadanía, tengan el control de los políticos, para que estos rindan las debidas cuentas y puedan en cada caso ser premiados o revocados de sus mandatos. Implica recuperar la mejor tradición del parlamento, de la representación directa del pueblo y que expresa de mejor manera su sentir y no las diputaciones y senadurías que hoy existen y que están lejos de sus representantes y que además, rompen el principio de igualdad al dotarse de privilegios propios de una monarquía a través de salarios altísimos y canonjías inmerecidas.

 

Esta nueva correlación exige la extinción del modelo presidencialista y la puesta en marcha de un modelo parlamentario que designe al jefe del ejecutivo y tenga sobre de él, el poder suficiente para quitarlo a la primera muestra de incompetencia o corrupción, dando pié así al ideal de que el Ejecutivo, no manda, simplemente obedece y hace cumplir las órdenes del pueblo.

 

Un parlamento fuerte, conformado por verdaderos representantes populares, implica la revisión del sistema bicameral, ese que hemos copiado del sistema gringo y que se ha vuelto una pesada y costosa maquinaria, que lejos de generar equilibrios da pie a la burla y a la ridiculez por los personajes que la han integrado y por ni siquiera representar ya, la representación del pacto federal y que simplemente se convirtió en una cámara de contrapeso a la de diputados, movida por el propio presidente de la república; lo cual, al no existir éste, sino un primer ministro que ejecuta las órdenes, la cámara de senadores resulta innecesaria, librando con ello, al erario de un oneroso gasto. Un Parlamento Unicameral integrado por reales representantes populares y un poderoso sistema de Comisiones resultaría más que suficiente para la creación del nuevo Estado.

 

En todo caso, los estados estarían representados correctamente con las nuevas formas de organización que se han dado como la CONAGO, la cual de manera debida, tendría derecho a representar el pacto y acceder al propio parlamento, elevando iniciativas propias de los Estados como personas morales y o a título de los gobernadores.

 

El poder judicial, hasta ahora un lastre del concepto de justicia, pues en no pocas ocasiones se dedicó a justificar los excesos del poder y sus crímenes contra las oposiciones y en los casos menores, sus omisiones y su corrupción, provocaron la impunidad que ha demolido el Estado de Derecho, debe de sufrir una profunda reforma, creando mecanismos expeditos para la remoción de jueces y magistrados venales, pues son ellos, los que deberían dar siempre el ejemplo de que la ley es la ley y simplemente debe de acatarse y ser cultura, es decir, vivir de acuerdo a sus preceptos como un imperativo categórico y desde la consciencia ciudadana.

 

Sin un poder judicial auténtico poco se podrá hacer para que la sociedad viva libremente y sin miedos en un real Estado de Derecho; se desprende de esto que las fiscalías o procuradurías adosadas al Ejecutivo deberían de independizarse y ser también, electas por el pueblo para quitarle así, lo que hasta hoy ha sido una arma punitiva del ejecutivo en contra de la ciudadanía y sus defensores (recordar al Negro Durazo, al narcotraficante general Rebollo o al payaso de fiscal anticorrupción Virgilio Andrade).

 

Si el nuevo Estado Parlamentario convierte las necesidades del pueblo mexicano en derecho positivo y admite un presupuesto participativo para implementar a fondo políticas públicas necesarias y pertinentes, deberá sin duda por comenzar una política de empleo pleno con un salario digno que redistribuya la riqueza: nada cambiará si el modelo económico es el mismo; y éste solamente cambia cuando las relaciones del capital y del trabajo se hace más justas y equitativas, como se mencionó líneas arriba, cambio que se concretiza en el salario y la ganancia del capital: ¡Urge liberar el salario del control de los patrones en el sistema de salarios mínimos!

 

Pero ese trabajo, que da el pan de cada día, no puede seguir realizándose bajo la lógica del desarrollismo y del industrialismo, tiene que haber un profundo cambio epistemológico, desde el momento en que se debe de reconocer la profunda crisis civilizatoria en la que vivimos: un solo dato, el calentamiento global amenaza la vida humana en el planeta y ello se debe a que nuestros modos de producción son depredadores y generadores de agentes que lo provocan, tenemos que pararlo ya.

 

Para ello, la puesta en práctica de una economía social, ya en desarrollo en países del primer mundo, es una de las salidas a nuestra crisis. Hay una vastedad de tierra en abandono o sembrada de estupefacientes, que bien podría, una política pública de apoyo a la producción social en materia agropecuaria, darle el impulso necesario para rescatar la soberanía en la producción de alimentos y con ello, erradicar la pobreza en buena parte del país; otras áreas de la producción y de servicios requieren de nuevos enfoques y del uso racional energético que deje atrás el consumo de recursos fósiles e implemente novedosas técnicas generadoras de energía limpia, pero sobre todo: remontar el modelo consumista del mercado capitalista y volverlo a centrar en las necesidades reales de la comunidad. Nada impide el impulso de un nuevo cooperativismo o comunitarismo que haga retornar la solidaridad popular; ya la hemos visto como aflora ante las desgracias naturales, hagamos que este presente en nuestra vida cotidiana.

 

Y así, en cada área o expresión de la vida social, de las necesidades imperiosas de nuestro pueblo, el nuevo gobierno tiene que reeducar, remodelar, reconstruir, revolucionar los viejos métodos y formas y permitir e impulsar que la sociedad en su conjunto, con sus manos y su participación activa y consciente construya en nuevo Estado Social y Democrático de Derecho en una cultura de gobernanza democrática.

 

¿Y la izquierda?

 

Bueno, la izquierda ha perdido la brújula y la nefasta alianza del PRD con el PAN, por lo menos aquí en México, ha demostrado que los personeros de los partidos de izquierda tradicionales, simplemente se volvieron traidores… aunque pensándolo bien, dirigentes como Barrales Magdaleno o los “Chuchos” y las fragmentaciones que derivaron de ellos, nunca lo fueron, son más bien el subproducto de una política del Estado para fragmentar la izquierda y disolverla en la mediática y controlada lucha política electoral.

 

Por otra parte, la izquierda haciendo una reducción al absurdo, simplemente significa oponerse al partido gobernante y esgrimir la ampliación de derechos civiles, políticos y sociales para la mayoría; en contra, la derecha estaría exigiendo derechos para una minoría identificada con la iniciativa privada. Así de simple.

 

Sin embargo, la lucha política en Latinoamérica estuvo siempre arbitrada por la injerencia del imperio yanqui, aún en nuestros días el poderoso país del norte y crisol del capitalismo en su fase globalizada y financiero, sigue de mil modos irrumpiendo en la política interna de cada país modulando sus cambios profundos. Hoy se sabe que Diaz Ordaz fue agente de la CIA y que muchos generales de los ejércitos en los países son educados y asimilados a las agencias norteamericanas para contener cualquier intento de crear sistemas económicos contrarios al suyo, así sea una variante social de la economía. De ahí que PRI-PAN y PRD en los últimos 18 años, hayan sumado esfuerzos para implementar las políticas neoliberales dictadas por el FMI y el BM, dejando el desastre que vivimos: corrupción, desempleo, sobreexplotación, violencia e ignorancia.

 

Así que la izquierda partidaria no nos sirve como referente para decir que izquierda necesitamos, pues la misma conformación de MORENA es un trasvasamiento, de viejos odres a los nuevos, que en el caso de los vinos, si los mostos son buenos ayudan a tener buenas crianzas, pero en la política resultan avinagrados.

 

Aún con esto, y entendiendo que las revoluciones cambian todo incluso la consciencia de la gente, deberá existir una izquierda articulada, organizada, programática y de masas; una izquierda que no solamente grite las necesidades que tiene el pueblo, sino y esto es la clave: que sea capaz desde el campo de la sociedad civil de construir un nuevo modelo socioeconómico y cultural de carácter socialista en contraposición al modelo neoliberal capitalista, todo lo demás es agua de borrajas.

 

Por supuesto que no estamos hablando de la desaparición del trabajo asalariado, ni del sistema de mercado, donde las mercancías se enfrentan como concreción de valor de uso y de cambio, no. Simplemente replanteando que con el actual desarrollo de las fuerzas productivas, las organizaciones de izquierda, pueden y deben crear centros productivos altamente solidarios y comunitarios obteniendo el respaldo sólido y creciente del propio gobierno. Un sistema de Economía Social, donde todos son socios y trabajadores a la vez, cuya escalabilidad debe ser nacional e internacional, mediando en sus saberes los aportes de las universidades, las cuales, deben ser los centros cerebrales de planes, diseños y programas que se pongan en práctica… ya no es necesaria una izquierda que toma la calle exigiendo soluciones a un gobierno que no puede y no debe hacer las cosas que la sociedad civil en gobernanza debe de hacer; la nueva necesidad debe estar resuelta en la calle y en todo caso exigir que el gobierno la respalde y la refuerce, dos ejemplos exitosos de economía social que están amenazados de perderse ante el empuje del capitalismo rampante: la cooperativa Pascual y los Ejidos Colectivos del Valle del Mayo y del Yaqui.

 

Como siempre, a los costados del poder se pueden crear derechas e izquierdas, propongo que la nueva izquierda, abandone toda grilla, y con programa en mano, instruya a sus representantes populares o representantes políticos en la administración pública, el impulso real, concreto, de una nueva economía social y de una gobernanza democrática y si de formar partidos se trata: la nueva izquierda tiene que recuperar su capacidad intelectual de proponer una nueva utopía y ésta, sin duda, tiene que ver con la libertad, la justicia y la igualdad. ¡Hic Rhodus, hic salta!

Isael Cantú Nájera
+ artículos

Servidor público desde el campo de la medicina y el derecho, ejerciendo la medicina comunitaria en la Sierra de Zongolica. Secretario del Ayuntamiento de Soledad de Doblado, Ver. (1989-1990). Coordinador de la Fracción Parlamentaria del PRD en Veracruz (1990-1992). Diputado Federal en la LVII Legislatura (1997-2000). Asesor en el Senado de la República (2000-2002). Responsable de Formación Política en Veracruz (2015-2016). Fundador y Director de la Revista de Análisis y Cultura Política “Diacrítica”. Licenciado en Derecho y Maestro en Dirección de Gobierno y Políticas Públicas.




Se el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada


*