País que queremos, izquierda que necesitamos
Margarito Escudero Luis

Desde antes de la conclusión del proceso electoral y del conocimiento de los resultados del primero de julio, señalábamos que iba a ser más fácil ganar la elección que lo que después vendría. Aun cuando estamos en el periodo de transición, a más de dos meses de la toma de posesión del Presidente electo, ya estamos viendo lo complicado del proceso y de la etapa que se avecina. No era para menos.

 

Varios aspectos son claros en los distintos escenarios, primero, la postura de la derecha y su decisión de no dejar las manos libres al nuevo gobierno, en el ánimo de entorpecer su funcionamiento, minar su creciente credibilidad alcanzada hasta ahora (incluso mayor al peso de su votación) y recuperar a un sector de la población para dar marcha atrás en todos los sentidos. Segundo, que al interior del equipo gobernante predomine el sector no de izquierda, sino el que obligó a correrse al centro la propuesta programática de AMLO, pero también le garantizó en su momento, ampliar su horizonte electoral. El principal representativo de esta postura es Alfonso Romo. Tercero, aceptando la realidad de que no todo lo que se ha propuesto es posible desde la óptica de la izquierda, por lo menos se espera haya un paulatino corrimiento del centro a posturas más progresistas y democráticas. Ello, porque está claro que habrán puntos que aunque se quieran no podrán revertirse, por lo menos de inmediato, como es el caso del TLCAN y por ende la reforma energética.

 

Como marxistas, preconizadores del pensamiento crítico y del análisis objetivo, una cosa es lo deseable y otra lo posible. Como utopía realizable hay que luchar por ella, pero sin caer en posturas doctrinarias ni dogmáticas, que también dañan. Lo vimos durante esta campaña, donde la izquierda el cuño antes señalado no discriminaron ni analizaron con justeza el momento histórico, las fuerzas contendientes a la propia izquierda. A partir del manejo de la lógica formal tazaron de manera similar lo que representaban los candidatos y fuerzas del PRIAN, a lo que era AMLO y la Coalición Juntos haremos historia. No podemos ser tan maniqueos.

 

De esta manera la lucha ideológica y política no sólo es con la derecha, expresión del capitalismo neoliberal actual, sino también con la ultraizquierda, que contrapesaría cualquier consideración etapista hacia una transición democrática, bajo el argumento principista de que la única alternativa para el aquí y ahora es la revolución proletaria. El asunto no es desearlo, sino tener claro y ser consciente de que hay las condiciones para ello.

 

Debemos partir entonces de una consideración congruente del momento y de las posibilidades que avance una propuesta de izquierda, primeramente amplia para después marchar en torno a una agenda de carácter socialista. Lo primero no es fácil por todo lo que ya he señalado, pero si factible. Tampoco podemos soslayar que para la opinión pública general y para la misma derecha, la opción que encabeza López Obrador es de izquierda. Para quienes defendemos el proyecto socialista, no representa a la izquierda que pudiésemos desear, por algo hemos señalado que independientemente de nuestra postura de claro apoyo en el proceso electoral, no la considerábamos como un referente de izquierda, en tanto su plataforma estaba corrida al centro.

 

Ahora hay que partir de la derrota del PRIAN y la entrega del gobierno a una alternativa política diferente, antisistémica, progresista, antineoliberal (AMLO declara que el neoliberalismo ha fracasado), en mucho keynesiana, donde incide una parte de la izquierda mexicana, que incluso ha dado pasos de coordinarse al interior de MORENA y otra parte, con intentos unitarios, como es lo que ahora se conoce como MAS.

 

Se asumirá formalmente el gobierno el primero de diciembre, con una cobertura de apoyo importante a través de una mayoría en ambas Cámaras. Ya algunas medidas como son la Ley de Austeridad y la disminución de los salarios a los altos funcionarios se empiezan a mostrar en el proyecto que AMLO denomina como la Cuarta Transformación. Pero debemos tener claro que el poder está intocado aún, prevalece el dominio de las fuerzas económicas y financieras.

 

Estas fuerzas son las que siguen insistiendo en sus propuestas y defensa de intereses, a través de sus propias declaraciones, acciones de presión o en voz de sus representantes en los medios masivos de comunicación. Ahora han iniciado una verdadera campaña en defensa del proyecto del NAICM.

 

Aunque López Obrador no lo acepte (para él la corrupción es el causante de la desigualdad y explotación), en el país subsiste y se intensifica la lucha de clases, está en el centro, es el motor transformador hacia un estadio mejor que permite incidir con una visión distinta al antiguo grupo gobernante del país, el motor hacia el que necesitamos y aspiramos a construir.

 

En lo personal he encontrado seis rasgos de izquierda (puede haber más) en el proyecto que defiende AMLO y MORENA. Estos son: primero, el reparto equitativo de la riqueza; segundo, la anteposición del interés colectivo por sobre el personal; tercero, los rasgos antineoliberales que no sólo son declarativos; cuarto, la lucha por la igualdad y equidad; quinto, el sentido ético de la política y sexto, la propuesta de rendición de cuentas y revocación de mandato. Aunque algunos de ellos podrían decirse que también son levantados por sectores liberales y de derecha, cuando vamos al fondo vemos la enorme diferencia en contenido y trasfondo ideológico de los mismos.

 

Mínimamente estos aspectos debiéramos ser celosos que se mantengan y se profundicen a todos los niveles, siendo congruentes en los hechos, expresándose en todas las acciones de gobernantes, representantes populares, políticos y militantes integrados o coincidentes con el nuevo gobierno. Pero no es suficiente, sobre todo para el país que queremos los socialistas mexicanos.

 

Implica trazar un camino de real transición democrática que nos conduzca a un estadio mejor, donde más allá de que las medidas de austeridad y reparto equitativo de la riqueza no queden solamente en el ámbito gubernamental, sino se extienda a la esfera misma de la sociedad mexicana. Que se vaya minando el poder financiero y económico de la oligarquía aún intocada, a partir de transformar el modelo económico prevaleciente. Al respecto, no hay que olvidar la exitosa experiencia de Uruguay donde no se desalentó la inversión privada, pero se condujo hacia la producción y no al mundo financiero.

 

Aun cuando no lo dice ni lo plantea AMLO, no estaría mal pensar en un nuevo Constituyente, manteniendo (o mejor dicho, rescatando) el espíritu social de la reforma del 17. También debiera considerarse la experiencia y propuestas hechas en el Constituyente de la Ciudad de México, que está claro no fue un acontecimiento menor, cuya trascendencia aún no se ve por muchos. Esto obliga a plantearle al todavía presidente electo que defina con precisión en qué consiste la Cuarta Transformación, tema desde mi punto de vista no debidamente explicado.

 

Para la izquierda socialista pero que apoyó a “Juntos Haremos historia”, el triunfo del primero de julio fue muy importante, pero también un corto paso a la transformación que requiere México. En consecuencia se requiere acompañar la nueva situación pero no a ciegas ni de manera acrítica, cuidando muy bien el lindero entre el seguidismo y los contrapesos obstaculizadores. Se requiere vencer a esa parte de la derecha que apoya al nuevo gobierno, imponiendo su visión de centro. Para nosotros implica el corrimiento a la izquierda, lo que no quiere decir gobierno sólo para unos, sino sentar –eso sí- las bases para la verdadera transformación.

 

En consecuencia lo que falta es definir la izquierda que requerimos para ello.

Margarito Escudero Luis

Dedicado al periodismo desde hace más de 40 años, obtuvo dos veces el Premio Estatal de Periodismo, uno de ellos rechazado como protesta ante el asesinato de colegas en Veracruz. Galardonado también con el premio al periodismo cultural en Coatzacoalcos, Veracruz.

 

Laboró como Coordinador de Comunicación Social de la Universidad Veracruzana, Zona Sur. Es el organizador del área de Comunicación Social en la Universidad Ceunico, así como del concepto de la Proyección Universitaria en la Universidad Ceunico; asimismo, ha sido catedrático de las materias: Producción Radiofónica, Medios Masivos de Comunicación, Dicción y Redacción en la Universidad Ceunico.

 

Ha sido conductor y participante de los programas radiofónicos: Tercera Llamada, en Radio Fórmula, Talentos de Coatzacoalcos, en la Radio Municipal por internet, y Xtacy Radio, de Toluca (Programa Mueve tu vida). Autor de la columna periodística Revelaciones y Director del portal Coatza Diario.com

 

He realizado múltiples publicaciones literarias en diversos medios de comunicación de la región. Actualmente es Coordinador de Comunicación Social del Grupo Legislativo de Morena en el Congreso del Estado de Veracruz.




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