Los Ninis de la Cuarta Transformación
Carlos Mendoza Aupetit

La importante votación lograda por los candidatos de la Coalición “Juntos Haremos Historia”, incluida la que consiguió quien fue postulado para presidente de México, es un hecho en verdad relevante. Una expresión de rechazo vago e instintivo al neoliberalismo galopante. Millones votaron en contra del modelo vigente y a favor de un candidato que no ofreció enfrentarlo a fondo; por alguien que no pretende terminar con el despojo ni con el criminal reparto de la riqueza. Los electores decidieron intuitivamente. Votaron por el que prometió terminar con la corrupción sin identificarla como la naturaleza del capitalismo salvaje. Por alguien que no sabe que sin corrupción el sistema no camina, y si lo sabe no lo dice.

Es probable que se equivoquen quienes descifran los votos del 1 de julio como signo de una revolución no violenta. Quienes ven un triunfo en la gesta contra el fraude electoral. Quienes piensan que derrotaron un operativo electoral de Estado, que el Estado esta vez no orquestó. También yerran los que equiparan al presidente electo con Salvador Allende. El malogrado programa de Allende fue socialista en democracia. Ni qué ver. Fallan en su interpretación y tienden a equivocar a otros, porque expresan un deseo que no tiene el ancla metida en los hechos. No están los tiempos para voluntarismos. Nunca han estado.

 

Los heraldos de la Cuarta Transformación hacen mal en ignorar las señales que indican un acuerdo en la cima del sistema. Una negociación que asomó en la tersa narrativa electoral del duopolio televisivo. En el aval de Felipe González. Cuando el candidato del PRI proclamaba, tempranito, la victoria de Andrés Manuel. En los oligarcas colocando piezas en su gabinete light. En el visto bueno de míster Trump; en el beneplácito del Financial Times.

 

Morena no es el Partido Bolchevique. Muchos de sus militantes se resisten a aceptar que es un engendro ecléctico. Un movimiento que blande una declaración de principios oscilante. Que amanece en tierras de la izquierda y la noche lo sorprende en territorio Telcel. Quienes están en Morena y suponen militar en un partido de izquierda, necesitan del auxilio de un GPS. No se han mirado en el espejo de Paco Taibo. Como te dice su máximo dirigente que va a mandar al Ejército a los cuarteles, te dice lo contrario. Tuvo los votos para ganar la elección, pero no la tiene fuerza para hacerse del poder.  Y negoció. No está mal negociar, lo malo es no asumirlo. El presidente electo se hace cargo. Los presuntos radicales no. Pragmáticos de todas las tribus, uníos.

El pacto establece límites al nuevo presidente; fronteras que cada vez serán más visibles. También disipa la niebla que bajaron quienes hablan de revoluciones no violentas. América del Norte no está, de momento, para revoluciones sociales de ningún sabor. Geopolítica mata izquierdismo. Tendrían que saberlo.

 

Es casi inútil hablar del país que queremos. La catástrofe general ha desarticulado a la Nación. El empobrecimiento generalizado. Más desaparecidos que los logrados por la dictadura militar argentina. La deplorable impartición de justicia. El desastre ecológico. El fracaso educativo. La distribución salvaje de la riqueza.  La inoperancia dispersa del movimiento estudiantil universitario como síntoma.

La tarea es avanzar en la construcción de un país que no se parezca a éste. Un Estado con derecho. Con trabajo remunerado como está escrito en el Artículo 123. El gran reto es recuperar lo básico. Remontar poco a poco la involución política del neoliberalismo. Que el Estado sea capaz de garantizar la integridad de los ciudadanos y su patrimonio (o te roban los extractivistas en el campo, o te roban los gentrificadores en la ciudad). El país que queremos solo se puede construir sobre una nueva cimentación cultural. Extirpando el narcisismo y la resignación de las mentes y los corazones.

 

Los oligarcas y los dueños del mundo tardaron en aceptar que el candidato vencedor de hoy, era el oxígeno que demandaba un sistema con insuficiencia respiratoria. Les hacía falta en 2006 y en 2012. Al fin aceptaron que todo podía reventar y más valía un líder de centro-izquierda conocido que un radical por conocer hasta 2018. Por si fuera poco legitimaron su sistema democrático. Aceptaron el mal menor. Un cambio acotado. Un gobierno de centro izquierda en libertad vigilada.

La derrota que ha venido arrastrando la izquierda histórica mexicana se hizo evidente el 1 de julio. Treinta años de adolescencia política e ideológica quedaron sellados. Las izquierdas que se volcaron en adhesiones incondicionales al candidato del Frente Democrático Nacional en el 88; los que integraron el PRD desde la izquierda, renunciaron a crecer. No disputaron estrategia ni liderazgo. Son los ninis de la Cuarta Transformación. No encabezan la lucha, no imponen ideas ni marcan la ruta ni se van de la casa. No supieron reinventarse porque no estudian ni trabajan. Les disgusta compartir la mesa con el tío Manuel Bartlett y con el primo Germán Martínez pero se aguantan. La cultura política de sus mayores los ha modelado.

La victoria electoral, política y moral es de la Corriente Democrática del PRI. Del desprendimiento encabezado por Cárdenas, Muñoz Ledo e Ifigenia, en 1988. No es bueno ni malo. Simplemente es y pudo ser porque son priístas. Porque el PRI alguna vez se preocupó por saber a quienes gobernaba y reclutó a los que podían ayudarles descifrar el acertijo. Por eso entienden más que la izquierda, por eso también se entienden bien entre ellos. Por eso los comunistas de ayer, los ex guerrilleros, acenerres, puntos críticos y demás, no tienen más remedio que nadar en aguas de la realpolitik. Por eso cada vez parecen más políticos profesionales y se les pone piel de cocodrilo.

 

Con todo, no debemos desestimar lo sucedido. El momento histórico es único y la votación significativa. La deriva es impredecible. Por primera vez desde el inicio de la revolución neoliberal hay millones en situación de aventura. Se trata de una voluntad incipiente. Millones desoyeron la perorata del nuevo sentido común; el catecismo del mercado. Esa multitud bien podría desobedecer y asomarse a la utopía. Pero el máximo dirigente es celoso de sus sentencias y su talante es conservador. Su ADN es priísta; es un priísta de avanzada y los priístas progres también tienen lo suyo. Que le pregunten al general Múgica. A los comunistas que fundaron la CTM. Recordemos el Halconazo en tiempos en que Echeverría abrazaba a Fidel Castro y a Allende. Solidaridad genuina y terrorismo de Estado… también genuino.

 

La izquierda del PRI es un engendro paradójico. Por eso Morena no es un partido. Ahí no se debate. Se acata la línea. Es la génesis del Tuppers Challenge: come frutas y verduras en el Senado y la Cuarta Transformación será contigo. Quienes cultivan el pensamiento crítico al interior de Morena, viven sorteando la rigidez de su dirigente.

 

No es la izquierda que se necesita, es la que hay. Podemos imaginar algunos rasgos de la izquierda que hace falta: nada qué ver con la que conocemos. La que necesitamos tal vez deba ser más estudiosa y menos electorera. Más celosa de los principios y menos pragmática. Afecta al pensamiento crítico y abierta al mundo, sobre todo a América Latina. Presente en las luchas de la gente, y respetuosa de ellas.  Más ascética de verdad.

Carlos Mendoza Aupetit
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Egresado y profesor de tiempo completo de documental del CUEC; fundador y director del Canal 6 de Julio. Ha dirigido más de sesenta documentales. Obtuvo el Ariel en 1982 y 1984, ganó la Bienal Nacional de Video de 1990 y el Premio Manuel Buendía. En 1999 ganó el certamen José Rovirosa  y en 2000  tres reconocimientos dentro del festival Pantalla de Cristal. En 1999 publicó el libro “El ojo con memoria”.  En  2002 su documental Tlatelolco ganó el segundo Premio Coral del Festival de Cine de La Habana; ese mismo año recibió el premio Volcán de Pantalla de Cristal por su trayectoria. En 2006 ganó el primer lugar en el festival de San Gimignano, Italia y en 2008 publicó el libro “La invención de la verdad” y recibió el Premio Universidad Nacional en Investigación en Artes.




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