La izquierda que requiere nuestro país
Rossy Villarruel Figueroa

Los anhelos son un sostén emocional para todo ser humano, mantienen a nuestros corazones latentes y esperanzados en que el siguiente día traiga consigo un nuevo propósito para seguir la ruta, y aunque no se cumpla cabalmente, seguimos caminando hasta lograrlo. Nuestro país, tan apaleado por las injusticias que históricamente le han impreso los gobiernos en turno, tocó fondo, respiró profundo y emergió hacia un futuro más prometedor.

 

Ninguna reconstrucción es fácil, y mucho menos la social, máxime cuando de origen los cimientos que la pudieran sostener se tambalean, no están del todo afianzados como se imaginaba y la dinámica que las necesidades actuales requieren, podría sufrir fracturas, pues en el inconsciente colectivo siguen viviendo y reproduciéndose viejas prácticas que no abonan al nuevo cambio que queremos y por el que hemos trabajado tanto.

 

Siendo Morena un partido joven, requiere de todos los recursos a su alcance para lograr su consolidación como un verdadero partido de masas. El triunfo de 1ero. de Julio no debería de llevarnos a la reflexión de que todo está logrado y dormir en nuestros laureles, su composición actual todavía deja mucho que desear a partir de la escalada de oportunistas, que viendo al partido como un trampolín para brincar escaños hacia propósitos personales no dudarán abandonarlo cuando éste ya no les sea útil.

 

Si bien es cierto que el bienestar de un país no debería depender del partido político más poderoso o mejor posicionado, si representa un parámetro a seguir sobre todo en las condiciones en las que se ha desarrollado la partidocracia en México, con institutos políticos fantasma que sólo han sido paleros de otros, fraccionados por diferencias internas, u sostenidos en plataformas político/morales tambaleantes y endebles que, al menos en la última elección, no les sirvió de mucho.

 

Lo anterior nos previene a tomar en serio la importancia que reviste la formación política, pero desde mi punto de vista, ésta no es suficiente. La militancia en un partido político diferente requiere de hombres y mujeres comprometidos con un proyecto que se sustente en personas que en los hechos demuestren una conciencia de clase bien arraigada en la que no se permitan desviaciones ideológicas como la traición a principios personales o partidarios.

 

El hecho de que MORENA haya avanzado a pasos agigantados hacia una mediana consolidación, o sumado fuerzas suficientes para resistir los embates del gobierno neoliberal y llegar a ser gobierno, no significa que está todo ganado. Los tumbos y tropiezos los vamos a seguir experimentando y más vale aprender de ellos, pues así son los procesos de afianzamiento de los movimientos sociales que se plantean un cambio real, sobre todo con estructuras bien arraigadas como las que han sostenido a nuestro país.

 

El haber votado por un estado de cosas diferente, nos obliga a demandar lo que necesitamos como ciudadanía a quienes le darán rumbo a nuestro país:

 

Una de ellas será la de promover y hacer efectiva una verdadera democracia participativa, que las decisiones importantes que involucren un riesgo como perder autonomías ganadas, economías no bien evaluadas o inversiones de dudosa sustentabilidad, sean consultadas y que sea el pueblo organizado quien las avale, porque de ese trámite se desprenderá una verdadera corresponsabilidad, evitando que la balanza se incline para un solo lado y lograr establecer relaciones más horizontales.

 

De lo anterior se desprenderá como consecuencia natural, que el camino hacia el empoderamiento de quienes habitamos este país, tome rutas efectivas y se deshabilite en el inconsciente colectivo la costumbre sembrada por los gobiernos neoliberales de la dependencia social, que sólo ha generado la sumisión y obediencia a cambio de migajas para la sobrevivencia. La autonomía de los pueblos siempre tendrá su origen en la libertad de decisión y de que es bueno, o no, para su desarrollo.

 

La corrupción y su gemela, la impunidad, como sistemas imperantes han permeado a todos los países del mundo, y probablemente porque lo vivimos en carne propia, la sensación es que en el nuestro es mucho más corrosiva que en otros, por eso el clamor generalizado es que su combate sea una de las prioridades del nuevo gobierno. Sin embargo, habría que recalcar que el hecho de haber permitido que, tanto desde el partido como de las nuevas designaciones entraran personas con vicios instalados y anquilosados fuertemente en su psique, convierta esta tarea en una de las más difíciles de realizar.

 

El periodo de transición hacia la instalación del nuevo gobierno no está siendo terso, ojos propios y ajenos están bien atentos al proceso que significará el evento más importante de las últimas décadas; para quienes pusimos nuestra confianza en este cambio, solo esperaríamos a que esta siga igual in crescendo, lo cual dependerá del ensayo-error que en el camino vayamos observando, y a la fecha creo que vamos a la par, lo que me parece un riesgo dado lo ganado en las urnas, pues nos hemos engolosinado pretendiendo creer que los millones de votos emitidos fueron por el partido en sí, cuando un alto porcentaje viene del hartazgo y desilusión de los demás partidos, y MORENA era la mejor opción.

 

Las y los mexicanos hemos soñado con un país en el que la simulación sea sustituida por una verdad convincente y real, pues la congruencia es uno de los valores en los cuales tendría que estar sustentado el próximo quehacer cotidiano de todas las personas, pero más comprometidamente quienes estarán a cargo directo del nuevo gobierno. La percepción de quienes votamos por el cambio ya es diferente, ahora estaremos alerta al cumplimiento de las promesas emanadas de las campañas que de antemano beneficiarán a toda la población.

 

La sensación de libertad que generó el habernos quitado el yugo que nos mantuvo sujetos a la voluntad de un sistema opresor, sería bueno orientarla hacia la apertura y consolidación de una conciencia de clase que se vive latente y a veces ausente por falta de una dirección confiable y consistente, ya que la diversificación de tendencias ideológicas hacia una izquierda progresista y combativa, no ha permitido dar cauce integral hacia un solo hilo rector que aglutine ideas y propuestas y las conduzca hacia un proyecto común.

 

Mucho se ha especulado sobre el tema de que si Morena o su líder moral, son o no de izquierda, o que tipo de ideología le han impreso a sus acciones hasta lograr el triunfo electoral, y por desgracia, en esa maraña de dudas se han perdido oportunidades valiosas para la verdadera izquierda de orientar positivamente propuestas que a estas alturas estarían acompañando el proceso actual, y muy probablemente haber evitado tanto chapulín que a estas alturas ya están cómodamente disfrutando de un triunfo nada ganado y menos merecido.

 

La historia de la izquierda en el mundo y obviamente en nuestro país, desde mi punto de vista, ha sido pretender legitimar una ideología que quizá no parta de la necesidad inmediata y acorde a lo que aquí y ahora es primordial; se continúa privilegiando la teoría a la praxis, emulando acontecimientos ocurridos en otros continentes, y en esa vuelta de mirada se desdibuja la idiosincrasia de nuestros pueblos y sus requerimientos fundamentales.

 

En esta maraña se nos puede ir la oportunidad de recuperar y consolidar una verdadera izquierda que responda de forma organizada y consensuada a las necesidades expuestas. Para eso se requiere que los disensos se conviertan en verdaderos temas de análisis y discusión y no en competencias en ver quién o a quienes nos asiste más la razón, se anteponen los egos sobre intereses colectivos y, por ende, a la izquierda se le han escurrido entre las manos batallas que bien se hubieran podido ganar.

 

Se han esgrimido pretextos de persecución y cacería de brujas hacia los movimientos de izquierda, por los gobiernos neoliberales, y ciertamente así ha sucedido, pero también tendríamos que reconocer que ha predominado la incapacidad de diálogo entre las diferentes corrientes para consensar un proyecto en términos de trabajar por las coincidencias (que deben ser muchas), y no desgastarnos más en evidenciar y ponderar las diferencias, de las cuales  me atrevo a aseverar, que a estas alturas de la vida, deben ser las menos.

 

También creo que este nuevo estado de cosas que se avecina, es la gran oportunidad de las organizaciones y personas que nos asumimos de izquierda, de echar mano de las teorías que sustentan y marcan el camino hacia la instauración de  una sociedad igualitaria, en el camino hacia lograr quizá un socialismo verdadero, a partir de centrar los esfuerzos en donde toda la ciudadanía se involucre y aporte lo que pueda, haciendo eco a aquella máxima de Marx que reza “a cada quien según sus necesidades y a cada quien según sus capacidades”.

 

Si bien es cierto que no existe una sola izquierda, sino varias acepciones o entendimiento sobre ella, se impone entonces echar mano de herramientas como la tolerancia y el respeto para avanzar en un proyecto común.

 

La mayoría de países que han accedido a un cambio social, con algunas excepciones, han pasado por el tamiz de las inercias, que de alguna forma son normales en este tipo de proceso, el problema se presenta cuando no las identificamos y nos envuelven en el marasmo de dificultades para salir de ellas y encausarlas o transformarlas en beneficio colectivo. Creo que eso le ha sucedido a algunas organizaciones que continúan patinando en sus mismas premisas de hace algunos años, y en esta dialéctica social como dice la inolvidable Mercedes Sosa… “todo cambia”.

 

La izquierda que requiere nuestro país en estos tiempos, tendrá que apostarle a dejar viejos esquemas de intervención política, ser incluyente y propositiva, ajustar sus ideologías a las condiciones actuales, sin transigir en lo esencial, esto es, darle seguimiento puntual hasta lograr un verdadero cambio de estructuras y sistemas de opresión por demás caducos, pero que siguen dando “lata”.

 

Esto sólo se logrará con unidad y apertura, donde todas las ideas de cambio tengan cabida y sean consideradas como algo sumamente importante.

Rossy Villarruel
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Feminista, luchadora social, principalmente por los derechos humanos de las mujeres y las niñas. Psicoterapeuta Gestalt y sexóloga. Militante activa de Morena en Colima. Integrante de redes, grupos y colectivos de mujeres. Columnista de opinión y articulista en temáticas sociales y con perspectiva de género.




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