El factor subjetivo de gobernar a la izquierda
Plinio Soto Muerza

En sus diferentes etapas y procesos que ha vivido y experimentado aquello que se denomina la Izquierda Mexicana, sobresalen claramente períodos que identificaban sus límites y sus alcances. Por ejemplo, si analizamos los años 50`s y 60`s del siglo XX, nadie pondría en duda la etapa de clandestinidad, persecución y marginalidad de los partidos y organizaciones de izquierda; son los años del macartismo y de la represión anticomunista, donde la militancia resistía en pequeños núcleos capaces de sobrellevar con abnegación las tareas que se les encomendaba.

 

El caso paradigmático es el Partido Comunista de México (PCM), el cual atravesó en aquellos años, fuertes pugnas internas y deserciones. En medio de acusaciones de traición, cientos de militantes comunistas también fueron expulsados, o bien renunciaron al partido por considerarlo poco revolucionario.

 

Del PCM salieron dirigentes y cuadros que formaron otros partidos y organizaciones que reivindicaron tesis diversas para la formación de la vanguardia revolucionaria. En el mar de acusaciones entre reformistas y ortodoxos, entre oficialistas entregados y almas puras llenas de noble combatividad revolucionaria, la izquierda se desvaneció y extravío entre las fuerzas sociales dominadas, que por definición tendrían que haber sido parte integral de las estructuras partidarias y organizaciones de izquierda.

 

Múltiples factores dan cuenta de la crisis del PCM en esos años de represión, destino que abarcó a todas las organizaciones. Tesis que van desde la crítica a la posición del partido frente al Estado post revolucionario mexicano, hasta aquella célebre tesis de la inexistencia histórica de partido obrero y revolucionario, que sostuvo brillantemente José Revueltas. Para completar la desazón, en el debate interno de la izquierda se discutía todo menos la posibilidad concreta de gobernar, es decir, de ser gobierno. Lo anterior se explica en gran medida por las condiciones coyunturales que envolvían el panorama nacional e internacional de la Guerra Fría, el posicionamiento anticomunista del Estado mexicano, la crisis del movimiento comunista después del cisma chino-soviético, y un largo etc. En resumen, el PCM y las organizaciones de izquierda no pensaban en como gobernar, tenían claro eso sí, la destrucción y toma del poder estatal para crear un nuevo poder, constituido desde las fábricas y teniendo a la clase obrera en el centro de la acción y el análisis.

 

Gobernar significaba para muchos en la izquierda, tomar el poder, el resto se consideraba propio de un proceso de construcción al estilo soviético, donde lo primero era el asalto al poder y después la construcción paulatina del Estado obrero. El sentido de la administración de lo público no existía en los documentos generales, la discusión era como organizarse, bajo qué estrategia y táctica, la vía armada, el foquismo o la insurrección general. En esos términos era el debate y en esos términos los sectores diversos de las fuerzas sociales tomaban sus impresiones.

 

El anterior panorama en nada se asemeja a lo que las izquierdas mexicanas han vivido en los últimos 30 años, en un período que abarca cronológicamente los años de 1988 a 2018; período que tiene como puntuales a nuevos actores políticos que son totalmente diferentes a los que actuaban a mediados del siglo XX.

 

Lo primero que observamos en este período es la fuerte demanda de democratización del sistema político en México, con el consiguiente abandono de la tesis histórica de la revolución socialista, la construcción de una vanguardia de clase y la toma del poder político para la instauración del poder popular. Salta a la vista que esta diferencia marca la tesitura de la acción de las fuerzas políticas de izquierda, quienes en su inmensa mayoría se caracterizaron por sus discursos democráticos, pluralistas y dialogantes.

 

De una forma u otra, ninguna organización de la izquierda mexicana tiene ya encima el bagaje exclusivo de ser la vanguardia. Salvo casos aislados y no por ellos menos importantes, todos desde las izquierdas toman en consideración el tema democrático como fundamental para su acción y desarrollo político. Unos insisten en la crítica a un sistema corrupto y antidemocrático, otros aceptaron ciertas reglas del juego electoral para participar en una vida convencionalmente democrática que no deja de tener sus claros oscuros. Pero en todas sus presentaciones en los últimos 35 años, la izquierda ha abordado el tema del acceso a los espacios de decisión gubernamental, desde sus discursos y práctica democráticos. El debate de cómo y para qué ser gobierno a partir del sufragio.

 

Pacientemente fuerzas políticas de izquierda fueron labrando el triunfo electoral para acceder al gobierno federal. Después de muchas batallas, con historias de resistencias a fraudes electorales, una cierta izquierda ha logrado en este 2018, ganar las elecciones federales, lo que representa el inicio de un proceso de transformación del hacer y entender la política.

 

En la reflexión de la izquierda como gobierno en México, en la mayoría de los casos se toma a partir de dos hechos significativos: el triunfo electoral de la Coalición Obrera Campesina Estudiantil del Istmo (Cocei), bajo las siglas del PCM, en Juchitán, Oaxaca, y el triunfo de Othón Salazar, también como PCM, en Alcozauca, Guerrero, ambos en 1979.

 

Desde esos sucesos, se inician las anotaciones de los gobiernos municipales de izquierda y el avance puntual y paciente de las organizaciones de las izquierdas mexicanas en el gobierno; inicialmente a niveles municipales, posteriormente a niveles estatales, hasta llegar a nivel federal en este histórico 2018.

 

¿Cuántos municipios ha gobernado la izquierda en México? ¿Cuáles son los logros de las administraciones de los gobierno de las izquierdas en México? Tales preguntas son las mínimas necesarias para el debate en torno a que País queremos y que Izquierdas necesitamos. Sin duda son temas para investigaciones detalladas que deberán hacerse para enriquecer el debate que existe en todo el país, debido a los datos vivos que todas las organizaciones tienen y cuentan para sus historias.

 

Hay algunas historias que incluso datan de antes de la reforma política de 1978-1979, que narran algunas experiencias municipales mucho antes de aquel triunfo histórico de la Cocei. En una revisión preliminar salta a la vista el caso de Tepic, Nayarit, que fuera gobernado por Alejandro Gascón Mercado, entre 1973 y 1975, con las siglas del Partido Popular Socialista (PPS), caso que ejemplifica lo complicado de la trayectoria de la izquierda mexicana, al ser el PPS, símbolo de colaboración con el régimen del PRI.

 

En otro punto del debate existen algunos casos de gobiernos locales marcados por sus simpatías y acercamientos a tesis históricas defendidas por las izquierdas mexicanas, como el caso de Felipe Carrillo Puerto, en Yucatán, o bien el peculiar caso de Garrido Canabal en Tabasco y en Veracruz, identificamos la experiencia de Adalberto Tejeda.

 

La situación se complica aún más cuando anotamos la trayectoria dentro de la administración pública de algunos excepcionales funcionarios que ayudaron a consolidar al régimen, como lo es Jaime Torres Bodet. Pero sin duda un largo debate se espera cuando se cita lo que para muchos es sin la experiencia nacional de un gobierno con perfil a la izquierda, inspirado en sus valores históricos como justicia e igualdad y fuera encabezado por el general Lázaro Cárdenas, cuyo gobierno es incluso modelo a seguir para el proyecto de Andrés Manuel López Obrador.

 

Con los amaneceres del nuevo siglo, el debate y el estudio se enriquece con las contribuciones de las llamadas Juntas del Buen Gobierno, en territorios con presencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), a quienes algunos consideran de importancia vital en la reformulación de las pautas que deben de respetar aquellos que desde la izquierda aspiran a acceder a un espacio de decisión gubernamental, por muy pequeño y delimitado que sea. La tesis zapatista de “para todos todo”, y “mandar obedeciendo”, que parecieran ideas sencillas para un intercambio epistolar, cobran un enorme sentido cuando se formulan desde un espacio con capacidad de decisión y se trasladan del espacio teórico a la práctica como guías de acción política de las organizaciones.

 

La reflexión en torno al significado del ser gobierno para la izquierda, se concreta en líneas que los zapatistas resaltan en sus Juntas de Buen Gobierno, donde se aspira a gobernar para que todos y todas participen en la distribución de la riqueza, y donde quienes estén con responsabilidades públicas, nunca olviden que ejercen el mandato que les confiere el pueblo: obedezco antes que mandar. En otras palabras, los zapatistas han promovido por lo menos en el discurso, la plena participación de los gobernados en las decisiones de los gobernantes. Para algunos, lo anterior es la realización del sueño del poder popular, o bien, el ejercicio de la democracia participativa, bandera histórica de las organizaciones de izquierda.

 

Pese a la propia objeción de los zapatistas al concepto del Poder y de su renuncia al mismo, lo que las organizaciones de izquierda recuperan del EZLN, es la necesidad de la reconceptualización del Poder que tiene como pilar fundamental el ejercicio democrático del mandar obedeciendo, que le da a la consigna del Poder Popular, concreción histórica a través de la participación amplia de los gobernados en el ejercicio cotidiano del poder político.

 

Después de un largo tiempo las izquierdas mexicanas en su mayoría han aceptado como condición básica para el acceso al gobierno, el voto ciudadano, el cual se ha transformado en la única vía legitima para que alguna fuerza política logre su entrada al ejercicio de lo público. Si hace décadas la estrategia y la táctica se concretaba en la forma en que se haría la revolución, hoy a distancia de los sucesos de la caída del Muro de Berlín como telón de fondo, las organizaciones y partidos de las izquierdas aceptaron en lo general la vía electoral como el único camino para hacer la democracia. Sin embargo, es cierto que quedan algunos grupos o pequeños espacios de discusión teórica que mantienen vigente la vía armada o la estrategia subversiva como caminos al final de las opciones.

 

Con la aceptación de las reglas democráticas liberales, el debate de para qué ser gobierno adquiere una importancia diferente en la perspectiva de las izquierdas, máxime cuando a pesar de los intentos no se ha clarificado hasta hoy lo que ello significa, debido a que surgen más dudas que respuestas en el recorrido del análisis de las experiencias de gobierno de las llamadas izquierdas. Sin llegar a tener claro cuáles son sus verdaderos triunfos, los gobiernos que se identifican como de izquierda en el espectro político nacional, se han visto nublados por acciones de corrupción, impunidad, abusos de poder, entre otras linduras que los han llevado a perder identidades. Para avanzar en sus perspectivas, ya no basta a las izquierdas acceder a los espacios de decisión gubernamental; lo verdaderamente crucial de frente a la nueva experiencia nacional de gobierno que encabezará Andrés Manuel López Obrador, es saber qué han hecho y qué quieren hacer las izquierdas con todas las experiencias acumuladas en el ejercicio público.

 

En un rápido conteo de emblemáticos triunfos, como sus propias derrotas, ya es hora de que las organizaciones que se han reivindicado de izquierda, elaboren sus memorias de gobierno, en forma plural y con toda la crítica suficiente para reconocerse y rechazarse las experiencias que sean contrarias a su ideario.

 

En el caso de las experiencias que deben de rechazarse, pongamos tan sólo el caso de Xalapa, Veracruz, cuando el entonces partido de la izquierda más importante, el PRD, ganó la Presidencia Municipal con un ex priista que hizo todo menos concretar las propuestas de gobierno municipal de la izquierda veracruzana, y al final resultó un gobierno municipal alejado de sus identidades nacionales y que dio paso a una restauración del control corporativo y clientelar del PRI en ese municipio. Por cierto, Rafael Hernández Villalpando quien ganara con las siglas del PRD la presidencia de Xalapa, es hoy diputado federal por morena. Algo tendrá que hacer para quitarse las sombras de su pasado.

 

Así como Xalapa, se escriben muchos municipios, donde el PRD, el PT y otras fuerzas políticas de izquierda defendieron que ganaron, pero que sus experiencias municipales se llenan de historias de corrupción y abuso de poder. En el caso concreto de morena, partido donde concurren múltiples fuerzas y organizaciones que se reivindican de izquierda, el reto es mucho muy grande con márgenes de error muy estrechos: habiendo ganado una cantidad importante de gobiernos, municipales y estatales, así como el mismo gobierno federal, las decisiones públicas no pueden equivocarse por las altísimas expectativas que han generado.

 

Parte fundamental del debate es que los nuevos gobiernos se alejen de las retoricas de autoalabanzas y elogios que justifican a ciertos personajes y organizaciones.

 

Por otro lado, no hay duda de que los programas de gobierno propuestos por Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, resultan los más dignos ejemplos de lo que deben ser un cuerpo coherente de propuestas viables para diseñar políticas de gobierno. Sus plataformas electorales han contado con cualidades necesarias para ser definidas como las mejores propuestas para gobernar, en sus respectivos momentos y con sus diferencias naturales. Sin embargo, la prueba madre de estos cuerpos es la propia lectura de los programas por los militantes de sus partidos y frentes que los han apoyado en sus aspiraciones, y ahí radica la parte subjetiva del problema de para qué ser gobierno, ya que sólo un pequeño porcentaje de militantes han leído y asumido con responsabilidad las propuestas que representan a los ciudadanos en época electoral y en caso de ganar, pocos de los mejores cuadros se convierten en servidores públicos.

 

Quienes llegan a ser servidores públicos por parte de la izquierda que logra ser gobierno, en muchas ocasiones les gana el factor subjetivo. Superado el viejo esquema de la toma del poder, de la discusión entre vía armada y vía electoral, de estrategia y táctica entre insurrección y foquismo, al menos en las mesas de las grandes opciones electorales, el reto de gobernar bien no reside en los programas y en los proyectos específicos, sino en la calidad humana, en los hombres y mujeres con personalidades plurales y diversas, que llegan a ocupar responsabilidades públicas. El problema reside en el factor subjetivo de la conciencia individual, dentro de un entramado colectivo de esfuerzos.

 

El reto de gobernar desde la izquierda ahora se concentra en las individualidades que se expresan como funcionarios públicos, en aquellos que llegan a ser trabajadores de un gobierno emanado de las organizaciones de izquierda, que por principio básico, deberían de contar con una formación de entrega al pueblo.

 

En el debate de qué país queremos y qué izquierda necesitamos, desde hace mucho tiempo las izquierdas ya ganaron en los temas de mayor preocupación social. Nadie puede desmeritar los grandes análisis sobre pobreza, marginalidad, exclusión social, participación democrática y soberanía, entre otros, que las izquierdas han enarbolado en las últimas décadas.

 

La crítica al modelo capitalista y al neoliberalismo ha sido del todo certera desde las izquierdas, centrando la atención en la necesidad de incorporar a los sectores de las fuerzas sociales dominadas al disfrute de las riquezas socialmente producidas. De frente al nuevo gobierno federal encabezado por Andrés Manuel López Obrador, el tema ahora y desde hace tiempo, gira entonces en el tipo de funcionario y trabajador de gobierno, en el elemento subjetivo de la composición de un gobierno emanado de las izquierdas.

 

En ese camino deberían ir los análisis y la crítica a las administraciones que hoy en México reivindican la identidad de izquierda para municipios y estados, y sin duda en la lectura general del próximo gobierno federal. Todo un proyecto puede fracasar cuando desde los espacios públicos, los funcionarios designados resulten ser los mismos viejos personajes que en pasado reciente llevaron a la política y a la cosa pública, al más terrible periodo de descrédito, corrupción y deshonestidad que registra la historia. La transformación de la política exige la transformación del funcionario y trabajador de gobierno.

 

El cómo se gobierna dependerá ya no de que partido u organización de izquierda esté al frente de una administración, sino quiénes conformarán los aparatos políticos administrativos de los espacios de decisión gubernamental, y ahí un punto a resolverse es sí la izquierda le ha apostado a un proceso de formación de conciencia a favor de la transformación histórico posible, o bien, sólo se habrá empeñado a reproducir los modelos tecno-burocráticos y más aún, reproducir con los mismos funcionarios del pasado, el ejercicio de gobierno.

 

En el factor subjetivo reside entonces uno de los mayores retos de gobernar desde la izquierda.

Plinio Soto Muerza

Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública con Maestría en Estudios Políticos y Sociales, por la UNAM. Laboró en los gobiernos delegacionales de Cuauhtémoc y Gustavo A Madero, así como en la Secretaría de Protección Civil del gobierno de la Ciudad de México. Desde 2014 radica en el Estado de Veracruz, donde ha sido asesor en temas políticos y sociales en el Congreso del Estado.

 

Militante desde 1988 en diversas organizaciones políticas de izquierda; dirigente universitario en la UNAM (CEU); delegado al Congreso Universitario en la UNAM (1991); dirigió la revista “Con…Ciencia Política” en la FES-Acatlán, y miembro del consejo editorial de la Revista Independiente “Pasto Verde”, entre otras actividades. Convencido de la posibilidad de transformación histórica hacia el socialismo.

 

Ha publicado –entre otros- los siguientes trabajos: “Dioses y diablos”, editado por el Taller de creación Literaria “Parménides García Saldaña”, Orizaba, Ver. (1994); “Jugando con Sombras”, editado por el Museo de Arte del Estado, Orizaba, Ver. (1998); “La Izquierda Mexicana; apuntes de tesis”, ediciones PSM, estudios políticos y sociales, Orizaba. Ver.; Autor de la columna, “La izquierda desde los libros”. Colaborador en diversos medios y portales de análisis de coyuntura, entre los que destacan: Poder y Política, Coatza-Diario y La República, Primer Párrafo.




Se el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada


*