La Teoría General de la Relatividad de Einstein

Walter Isaacson

Como ha señalado el físico John Wheeler, «La materia le dice al espacio-tiempo cómo curvarse, y el espacio curvo le dice a la materia cómo moverse».
Se establece así una especie de baile cósmico, tal como lo describe otro físico, Brian Greene:
El espacio y el tiempo se convierten en actores en un cosmos en evolución. Cobran vida. La materia de aquí hace que se deforme el espacio de allí, lo cual hace que la materia de acá se mueva, y esto hace que el espacio de allá se deforme todavía más, y así sucesivamente. La relatividad general proporciona la coreografía de una entrelazada danza cósmica de espacio, tiempo, materia y energía.
(…)
El orgullo de Einstein como autor de su teoría resulta perfectamente comprensible. En cuanto dispuso de copias impresas de sus cuatro conferencias, las envió por correo a sus amigos. «Asegúrate de darles una buena ojeada —le decía a uno de ellos—. Representan el descubrimiento más valioso de mi vida». Y a otro le señalaba: «La teoría resulta de incomparable belleza».
A sus treinta y seis años, Einstein había elaborado una de las más imaginativas y espectaculares revisiones de nuestros conceptos sobre el universo de toda la historia. La teoría de la relatividad general no era meramente la interpretación de algunos datos experimentales o el descubrimiento de un conjunto de leyes más precisas; era una forma totalmente nueva de ver la realidad.
Newton le había legado a Einstein un universo en el que el tiempo tenía una existencia absoluta que transcurría independientemente de los objetos y observadores, y en la que también el espacio tenía una existencia absoluta. Se creía que la gravedad era una fuerza que ejercían las masas unas sobre otras de una manera bastante misteriosa a través del espacio vacío. En este marco, los observadores obedecían leyes mecánicas que se habían revelado extraordinariamente acertadas —casi perfectas— a la hora de explicarlo todo, desde las órbitas de los planetas hasta la difusión de los gases, pasando por los movimientos de las moléculas y la propagación de las ondas del sonido (aunque no las de la luz).
Con su teoría de la relatividad especial, Einstein había demostrado que el espacio y el tiempo no tenían una existencia independiente, sino que, en lugar de ello, configuraban juntos la estructura del espacio-tiempo. Ahora, con su versión general de la teoría, dicha estructura del espacio-tiempo dejaba de ser un mero contenedor de objetos y acontecimientos. Lejos de ello, poseía su propia dinámica, la cual venía determinada por —y a su vez contribuía a determinar—, el movimiento de los objetos en su seno; exactamente del mismo modo que la superficie de una cama elástica se verá curvada y ondulada por una bola de bolera inmóvil y algunas bolas de billar que rueden junto a ella; a su vez, esa curvatura y ondulación dinámicas de la superficie de la cama elástica determinarán la trayectoria de las bolas que ruedan por ella y harán que las bolas de billar se dirijan hacia la bola de bolera.
La estructura curvada y ondulada del espacio-tiempo explicaba la gravedad, su equivalencia con la aceleración y también —afirmaba Einstein— la relatividad general de todas las formas de movimiento. En opinión de Paul Dirac, premio Nobel y pionero de la mecánica cuántica, aquel fue «probablemente el mayor descubrimiento científico jamás realizado». Otro de los grandes gigantes de la física del siglo XX, Max Born, lo calificó de «la mayor hazaña del pensamiento humano en torno a la naturaleza, la más asombrosa combinación de penetración filosófica, intuición física y habilidad matemática».
Todo aquel proceso dejó a Einstein exhausto, pero eufórico. Su matrimonio se había derrumbado y la guerra asolaba Europa, pero Einstein se sentía más feliz que nunca. «Mis sueños más audaces se han hecho realidad —le diría exultante a Besso—. Covariancia general. Movimiento del perihelio de Mercurio maravillosamente preciso». Y firmaba: «Contento, pero derrotado».


Fuente: Einstein, su vida y su universo. Walter Isaacson. Páginas 246 y 249.




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