Salario digno…izquierda digna.
Isael Cantú Nájera

La izquierda es polimorfa y no siempre representa los intereses de la clase trabajadora, sino los de grupos y sectores sociales que pueden, muy bien, pertenecer a las clases sociales divididas entre la posesión del capital y la simple fuerza de trabajo.

Ubicado su origen en la Revolución Francesa y la destrucción de las monarquías absolutas, la izquierda lleva el sello de la perenne lucha por la igualdad, la legalidad y la fraternidad y en contra de todo tipo de privilegio.

Sin embargo, es necesario recordar, que era común identificar a la “izquierda” con los “obreros” tanto de la ciudad como del campo, cuya subsistencia solamente era posible con la venta de su fuerza de trabajo y la ganancia de un salario; no así, a los que perteneciendo a la maquinaria burocrática, una vez corporativizada, pasaron a formar parte del Estado.

La vieja previsión de que los obreros serían los sepultureros del sistema capitalista, terminó disolviéndose en las luchas por el poder en medio de un marco electoral, donde la élite gobernante y hegemónica, pudo paulatinamente ceñir toda contradicción a una resolución en el campo de la democracia electoral; por otro lado la expansión del propio sistema capitalista en su fase de globalización y manipulación del capital financiero, como si fuera mercancía en sí, ha desplazado al sujeto histórico revolucionario, objetivado en la clase trabajadora, y lo ha focalizado hacia la sociedad civil genérica, que es capaz de reclamar a los gobernantes en turno el cumplimiento de un Estado social, democrático y de derecho, que bien puede en medio de una socialdemocracia hacer un reparto más equitativo de la riqueza nacional y con ello disminuir sustancialmente las diferencias económicas entre las clases y de paso los privilegios.

Durante las tres décadas del desarrollo estabilizador (1940-1970), el Partido Revolucionario Institucional consolidó mecanismos de control sobre sindicatos y asociaciones campesinas y a la propia iniciativa privada, limando todas las asperezas de una franca lucha de clases, se reconoce que en esas décadas, dadas las políticas de desarrollo y de sustitución de importaciones, se generó un producto interno bruto, promedio anual, por personas de 3.4%(1) ; sin duda, las fricciones entre las clases sociales se hacen más agudas entre más brecha exista entre una y otra; por ello, esas décadas fueron importantes en el sentido de una riqueza repartida de mejor manera, vía salarios y créditos fiscales, pero sin desaparecer las asimetrías reales entre los trabajadores y los dueños del capital.

A la par de una mejor distribución de la riqueza se consolidó un sistema corporativo que sometió a la mayor parte de los liderazgos sindicales, gremiales y campesinos, sistema que borró del escenario a otras organizaciones más radicales y autoreferenciadas como izquierda… sin duda alguna el desaparecido Partido Comunista de México.

LA LUNA DE MIEL DEL DESARROLLO ESTABILIZADOR TERMINÓ ABRUPTAMENTE DOS AÑOS ANTES DE QUE TERMINARÁ LA DÉCADA DE LOS SETENTAS: 1968.

Tras el genocidio cometido por el gobierno contra estudiantes y ciudadanos en general, hicieron erupción movimientos sindicales, políticos y hasta militares (hablo de la guerrilla) los cuales iniciaron lo que ahora conocemos como “transición de una Estado autoritario a uno democrático”… pero el sindicalismo, como un movimiento realmente autónomo y representativo de una clase trabajadora que lucha contra los privilegios y por un pago justo de su fuerza de trabajo, estaba ya uncido al yugo del corporativismo mexicano y servía de buena gana a que el partido hegemónico, el PRI, ganara las elecciones sexenio tras sexenio. El caso más conspicuo es la elección en 1977 de López Portillo, quien siendo el único candidato a la presidencia, ya que el PAN no postuló a nadie y el PCM estaba proscrito, obtuvo el 91.90% de los votos, el resto fueron nulos y para candidatos no registrados, en el caso del PCM que postuló a pesar de la proscripción al obrero ferrocarrilero Valentín Campa.

Foto: Alejandro Quintero Sahagún

A pesar de la crisis el modelo hegemónico del PRI siguió funcionando al tener fuertes correas de transmisión sobre las clases trabajadoras ubicadas dentro de las organizaciones, otrora poderosas: Central de Trabajadores de México, Confederación Nacional Campesina y Confederación Nacional de Organizaciones Populares; así, segmentada la clase trabajadora y cooptados sus líderes, el escenario de fuertes movimientos realmente sindicales era precario.

Bien podemos arriesgar la tesis de que un real sindicalismo, perfectamente identificado con la clase trabajadora y portador de un programa político, económico y social que libere al trabajador de la esclavitud asalariada o por lo menos mejore sus ingresos y su bienestar: nunca ha existido, sino más bien, un remedo sindicalista donde sobresale lo que se conoce como “charrismo sindical”, es decir, un modelo de control sindical al servicio del gobierno o francamente de los patrones, donde los líderes amasan cuantiosas fortunas, ocupan cargos de elección popular, secretarias y desde ahí controlan a sus agremiados.

Las fracturas del sistema político se hicieron más evidentes con el propio quiebre del partido hegemónico en la década de los 80`s entrados los 90´s con la creación de la Corriente Democrática creada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez y la posterior fusión que dio nacimiento al PRD; para asombro de todos: ¡aliado ahora con el PAN!

La derrota del PRI en el 2000 generó la idea de que la transición democrática avanzaba en medio de las organizaciones sociales y de paso, reiniciara un proceso que corrigiera el charrismo sindical y llevara a las bases de los trabajadores nuevos modelos organizativos, fundamentalmente, en la toma de decisiones más horizontales, más democráticas y un programa que obligara a la legislación de una nueva ley laboral que pusiera al orden del día, sobre todo en un mundo globalizado, el incremento de los salarios y las prestaciones que en otros países se otorgan a la clase obrera… no fue así: el gobierno panista impulsó aún más el neoliberalismo y profundizó la cooptación de los liderazgos sindicales, los cuales, desideologizados habían aprendido a venderse al mejor postor.

Doce años de panismo solamente profundizaron la brecha entre las clases trabajadoras y los dueños del capital, el estancamiento se agravó con la crisis mundial del 2008 y una guerra de baja intensidad donde los daños colaterales los sufrió la sociedad civil; pero además: la corrupción carcomió los pilares del sistema al grado de que es el mayor problema a resolver en la nueva administración.

Sin embargo, en la periferia del sistema la resistencia obrera, campesina y de burócratas se mantiene en pequeños núcleos, los cuales acumulan fuerzas en alianzas con las organizaciones que emergen de la sociedad civil; ésta, fortalecida con un horizonte cultural promedio de 9 años de educación elemental y el arribo inmediato de las tecnologías de la comunicación (TIC´s) que se desplazan más allá de las fronteras de cualquier nación en la WWW.

A los partidos, de igual manera, el camaleónico sistema capitalista y sus modelos de presidencialismo autoritario, terminó por engullirlos y llevarlos a un juego, donde el ganador es el mismo sistema capitalista; la referencia más fuerte, electoralmente hablando que era el PRD, nacido de la unión entre la izquierda histórica y la Corriente Democrática del PRI, terminó desangrándose en las luchas internas, las traiciones y los oportunismos de direcciones analfabetas, políticamente hablando, pero astutos en la negociación para arribar a un cargo de elección popular. El apoyo del PRD al candidato del PAN, no tiene nada que ver con las reivindicaciones obreras, ni la creación de un nuevo Estado y si con la voracidad de líderes venales que terminaron traicionando su propio programa de partido.

En la crisis del PRD, emerge la construcción de otro partido más a la izquierda: MORENA, que no solamente se lleva a buena parte de la militancia del PRD, sino que bajo el brazo se lleva el programa social más elaborado en las décadas de lucha de éste.

Mientras el PRD se desvanece en el interior del PAN, MORENA recupera el eje de la izquierda partidaria y social y se conforma como un núcleo aglutinador del sindicalismo “independiente” e incluso de parte del que antaño fue “oficialista”.

Por su parte, este sindicalismo, no tanto obrero sino de las burocracias, una vez que rompieron los diques del corporativismo han iniciado una búsqueda en la representación de partidos de izquierda diferenciándola entre el PRD subsumido al PAN y por otro lado: MORENA y el Partido del Trabajo… es sin duda un reinicio para un nuevo movimiento obrero, que seguramente tendrá otra oportunidad de consolidarse como un modelo orgánico de legítima defensa de los derechos de la clase trabajadora y que sino pierde el rumbo: sabrá exigir una profunda reforma laboral que modifique la Constitución para que realmente se garantice el derecho pleno a un empleo con salario digno.


Notas:

1) http://www.economia.unam.mx/publicaciones/econinforma/pdfs/364/09carlostello.pdf

Isael Cantú Nájera
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Servidor público desde el campo de la medicina y el derecho, ejerciendo la medicina comunitaria en la Sierra de Zongolica. Secretario del Ayuntamiento de Soledad de Doblado, Ver. (1989-1990). Coordinador de la Fracción Parlamentaria del PRD en Veracruz (1990-1992). Diputado Federal en la LVII Legislatura (1997-2000). Asesor en el Senado de la República (2000-2002). Responsable de Formación Política en Veracruz (2015-2016). Fundador y Director de la Revista de Análisis y Cultura Política “Diacrítica”. Licenciado en Derecho y Maestro en Dirección de Gobierno y Políticas Públicas.




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