Los trabajadores y la izquierda.
Daniel Carlos García

Corresponde a una dualidad unida en la historia indisolublemente. No se puede hablar de la izquierda, sobre todo la socialista, sin el sentido clasista, sintiéndose representativamente parte de la clase obrera, de los generadores de riqueza y plusvalía. Defienden a la clase obrera como el centro revolucionario de transformación social, hacia una sociedad sin explotación del hombre por el hombre.

La izquierda como partido es la organización política de la clase obrera, la agrupación de lucha hacia la transformación radical de la sociedad, un motor revolucionario. Lenin no sólo desarrolló esto desde el punto de vista teórico, también lo concretó en la práctica en lo que sería el partido bolchevique, el antiguo POSDR que después se convertiría en PCUS.

A nivel internacional esto se concretó a partir de la fundación y funcionamiento de los partidos comunistas, diseminados en el mundo al amparo del surgimiento de la Tercera Internacional en 1919, que independientemente de la expresión mecánica que se siguió en sus principios, en muchos países buscaron adecuarse a las condiciones concretas de cada lugar.

México no tenía porqué registrar una historia diferente. Así se formó el Partido Comunista Mexicano aquel 24 de noviembre de 1919, es decir, el año venidero estará cumpliendo su primer centenario. Siempre se consideró como el partido de la clase obrera mexicana, pero no sólo declarativamente, se preocupó de estar inserta en ella, lo que lo condujo a participar activamente en prácticamente todos los movimientos sociales y sindicales que han sido elementos indiscutidos en la construcción histórica del México de nuestros días.

La cultura de avanzada, de la búsqueda de estadios avanzados de desarrollo en la sociedad, más equitativa, democrática, igualitaria, tendiente a la transformación social, fue y es la cultura de la izquierda mexicana, ligada a los explotados que al mismo tiempo constituían los verdaderos artífices de la generación de la riqueza nacional.


El carácter clasista de la organización de la izquierda sobre todo socialista, incluía de manera inmanente el germen transformador de la sociedad, sobre todo por su peso en el mundo productivo, pero también de la aceptación de los obreros de su propia situación y de su valor en el cambio social.

Hace poco señalaba en una colaboración seriada que, “el empuje gremialista y de las nacientes organizaciones sindicales (en el siglo XIX), permitieron lo que en el marxismo se le llamó “conciencia en sí y para sí” de la clase obrera. Eran agrupaciones de avanzada social. No podemos desvincular esto de ese gran laboratorio que correspondió a la Comuna de París en 1871. Era entonces entendible y explicable el valor del proletariado en el proceso de transformación social. Incluso se concebía a éste como la clase históricamente antagónica a la burguesía capitalista”.

En el ámbito de nuestro país no podemos valorar algunos cuadros de la historia del último siglo, sin considerar la participación del movimiento social y particularmente del sindical y obrero. La generación de las agrupaciones gremialista o de las principales centrales obreras tienen de por medio, procesos reivindicativos en lo económico y político, incluso la que por décadas fue la principal organización (después soporte del sistema político mexicano): la Confederación de Trabajadores de México, CTM.

Algunos estudiosos del tema (recuerdo diversas apreciaciones de Gerardo Unzueta) plantean que el gran quiebre en el movimiento obrero y sindical ocurrió a fines de la década de los cincuenta del siglo pasado con la derrota de los ferrocarrileros en el conflicto laboral del 58-59, el cual fue liquidado después de la represión gubernamental del 28 de marzo de 1959.

Vendría un proceso de reflujo de varios años, que desde mi punto de vista tendría un cierto “despertar” en los setenta, con el surgimiento de agrupamientos de insurgencia sindical, como los nucleares, estallamientos huelguísticos icónicos como el de la pequeña empresa Spicer y la aparición del sindicalismo independiente. Paralelamente el PCM mantenía aún su consideración clasista y proclividad para atender esta tarea central. Tampoco podemos soslayar otras agrupaciones (incluso partidarias) reivindicadas como de izquierda y con una postura clasista.

Sin embargo, fueron tiempos en que se incubaron dos factores que definirían la situación que hoy padecemos. Primero, la evolución en la consideración de que por su peso en la producción, el obrero es el motor revolucionario de transformación social. Se amplió el concepto más allá de ellos, hacia la inclusión de otros sectores de trabajadores (pertenecientes al sector primario y terciario de la economía) también ubicados como explotados por el capitalismo. Segundo. A partir de las andanadas ideológicas de la burguesía y el capitalismo, se fue deslavando la cultura de izquierda en el movimiento sindical y en general de trabajadores, para perder la “conciencia en si y para si”.


Reiterando lo anterior, “el movimiento obrero actual ha perdido su conciencia histórica, ha sido penetrada por la ideología burguesa incluso en cuanto a su organización”. Pero también la izquierda mexicana, sobre todo la partidista y legal se ha divorciado del movimiento social y de masas, pues lo único que les importa es su vinculación con ellos a partir de conseguir su voto, es decir, han perdido su sentido clasista.

Por lo pronto nos han impuesto el aumento de la jornada de trabajo de cuarenta a cuarenta y ocho horas semanales; la limitación de la seguridad social y el sistema de pensiones; la legalización del outsourcing; la puesta en entredicho del derecho de huelga y la libre sindicación, sólo por anotar algunos rasgos.

No sólo eso, diputados federales del PRI, pertenecientes a la CTM fueron el conducto a fines del año pasado para presentar una iniciativa de reforma laboral, que profundiza las restricciones y la pérdida de consignas ganadas por los trabajadores a lo largo de la lucha.

No podemos responsabilizar de esta situación únicamente a la derecha fomentadora del modelo neoliberal que impera en el país desde principios de los ochenta: la izquierda ha abandonado esta parte fundamental de su razón de ser y hasta ahora no ha adoptado una postura autocrítica al respecto.


Es tiempo de la recuperación del valor protagónico de los trabajadores en la transformación del país no sólo desde el ámbito del sufragio. Tampoco hay que perder de vista, a la par de la izquierda imbricada a ésta, afortunadamente no hablamos sólo de los actuales partidos, pues hay decenas de agrupaciones de la izquierda socialista que intentan retomar el camino perdido.

Sin duda alguna, se puede y se podrá.

Daniel Carlos García Gómez
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Aguascalentense de nacimiento, comunista por convicción y médico por estudios en la UNAM. Militante activo de la izquierda marxista desde la década de los 70’s; fue miembro y dirigente de los partidos: PCM, MAUS, PSUM, PMS Y PRD. Periodista por vocación y colaborador de diversas publicaciones. Ha escrito diversos libros, entre ellos: “Fulgor rebelde. La guerrilla en Aguascalientes”, “El perredismo en Aguascalientes” y el “Diccionario de la Izquierda en Aguascalientes”, “Historia y situación del cooperativismo en el DF” y “Las mujeres en la Revolución Mexicana”. Fue Director de Capacitación para el Empleo del Gobierno del Distrito Federal (2000-2005); asesor del Srio. de Gobierno del GDF y Director de Estudios y Estadísticas del Trabajo (GDF 2007-2012). Actualmente es Gerente de Saludo en CENFES, AC, así como organizador y dirigente del Movimiento Comunista Mexicano (MCM).




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