La izquierda y los trabajadores.
Rossy Villarruel Figueroa

Dignificar el trabajo asalariado y colocarlo en su justo valor social y económico, es uno de los objetivos que se ha planteado la izquierda a través de la historia. Este propósito, adoptado por organizaciones nacionales e internacionales, sirvió de eslabón para encadenar una serie de acciones y llevar a la clase obrera, en su momento y en algunos países, al triunfo revolucionario, culminando en la apropiación de los medios de producción y en consecuencia al triunfo del proletariado.

Uno de los bastiones por donde la lucha obrera se abrió camino para acceder a mejoras en la vida laboral, fueron los sindicatos, organizaciones que por ramas de actividad productiva amparados por el artículo 123 constitucional, y la Ley Federal del Trabajo, que dieron fuertes batallas para arribar a un estatus diferente, guiados por personas que se distinguían por su honestidad, capacidad y una línea política diferente a quienes ostentan el poder.

En el campo como en algunas industrias urbanas, el cooperativismo toma auge con una línea horizontal de acción donde sus integrantes se organizan en torno a un proyecto común, con las mismas oportunidades de acceso a los beneficios obtenidos en el proceso de los mismos. Estas formas de organización colectiva significan una amenaza para el Estado y los dueños del dinero, urdieron formas para lograr su desaparición, instalando en el inconsciente colectivo una serie de argucias sustentadas en exacerbar las bondades de la propiedad privada, y logran mermar sustancialmente su existencia, sobreviviendo una de ellas en la CDMX que sigue siendo hasta nuestros días un emblema nacional: La cooperativa Pascual.

Estas formas organizativas significan el verdadero semillero del movimiento obrero nacional e internacional, horadando conciencias para penetrar la idea de que la fuerza en conjunto es la que logra acceder a mejores beneficios para todos y todas. Las dirigencias de estos gremios se erigían como líderes movidos por un auténtico interés de involucrarse y fundirse en un mismo camino, para que los logros que se obtengan vayan a desembocar a una misma canasta de oportunidades.

El sentimiento de pertenencia a un determinado grupo amarra el compromiso no sólo al interior, la solidaridad hacia fuera en hermandad sobre una lucha en común, fortalece los vínculos cuando unos llamados a participar codo a codo con otras organizaciones se convierten en una sola fuerza. A una sola voz, el mismo entusiasmo hace que se empuje fuerte hasta lograr el respeto de autoridades o patrones cuya siguiente opción será la negociación o el cese a la planeada represión, pues siempre están preparados para ejercerla en cualquier momento.

LAS ACCIONES CONJUNTAS, UNA CONCIENCIA DE CLASE CIMENTADA, MÁS LA ORIENTACIÓN DE DIRIGENTES FORMADOS EN LA IZQUIERDA, SUGIEREN LA IDEA DE CONTINUIDAD EN LA LUCHA, PARA LOGRAR VICTORIAS O BRINCAR OBSTÁCULOS COLOCADOS POR QUIENES ESTÁN AL SERVICIO LEAL DEL RÉGIMEN.

Sin embargo, el gobierno temeroso de un posible salto a la democracia demandada, rigidiza la represión, despidos al orden del día, compra a líderes, y dividió a los trabajadores generando una falsa competencia entre ellos.

Con tumbos y tropiezos, ha continuado la lucha por recuperar la esencia sindical; cada 1º de mayo las calles de las principales ciudades del país se llenan de trabajadores y trabajadoras en manifiestos diversos: los aliados al gobierno quienes al pasar frente a las autoridades les otorgan la conocida reverencia, y los que siguen en su lucha constante por recuperar lo que legítimamente les corresponde, vitoreando consignas de lucha en el afán de hacer patente su descontento y repudio al statu quo vigente.

La degradación del movimiento obrero junto con los sindicatos ha sido lenta pero efectiva, despidos en masa, cierre de industrias, pocas jubilaciones y no sustitución de plazas, han adelgazado sus filas, aunque la mayoría sigue incorporados a las grandes centrales cuya creación fue intencional para mantener el control, desde la madre de todos ellas, la CTM, hasta las pequeñas agrupaciones que existen en casi todos y cada uno de los estados que integran país, salvo algunos sindicatos independientes, son unos verdaderos elefantes blancos.

Foto: Alejandro Quintero Sahagún

En mis recuerdos veo al sindicato del SUTERM, telefonistas, SUTIN , etc., en una lucha constante por revisiones contractuales que verdaderamente favorecían a sus agremiados, logrando prestaciones que eran envidia de otras agrupaciones que por su tamaño y su misma dinámica sindical, les era más difícil acceder a estos logros, y si lo hacían era porque tanto sus afiliados como sus dirigentes empujaban fuerte y lograban una correlación de fuerzas que les permitía presionar a las autoridades o patrones para obtener los beneficios demandados, y donde la corrupción no hacia tantos estragos como lo constatamos en la actualidad.

Poco a poco el fantasma de la corrupción fue minando los auténticos intereses de estos gremios, a través de sus dirigentes, que en esta posición, muchos de ellos vieron una amplia posibilidad de utilizarlo como trampolín para brincar a espacios bien cotizados económicamente, como alguna de las cámaras, no siempre por elección popular, sino por favores o facturas pagadas de patrones o gobierno en turno, por mantener a sus afiliados quietos o quietas ante cualquier brote de inconformidad por incumplimiento de prestaciones o por despidos injustificados.

Así las cosas, la corrosión hizo de las suyas y las divisiones se han hecho más evidentes, para muestra está el SNTE y la CNTE, el sindicato petrolero y otros. Mientras unos sindicatos mermaban su poder de lucha, otros van naciendo al son de las manifestaciones que de alguna manera siguen siendo el recurso fundamental y que han dado origen a estos movimientos sociales.

En ese círculo perverso orquestado por el gobierno, en su apuesta al dicho de «divide y vencerás», continua en la línea de desmembrar a la mayoría de sindicatos, utilizando métodos de cooptación de dirigentes hacia puestos bien remunerados, adelgazando estructuras en las instancias gubernamentales, instituciones o universidades, mandando a la calle a miles de trabajadores y trabajadoras, dejando en activo a quienes le son leales a sus propósitos, a muchos de ellos los catapultó hacia puestos donde siguen como titiriteros moviendo los hilos para que los resultados les sean favorecedores, principalmente en tiempo de elecciones.

Al binomio conciencia y necesidad es difícil conciliarlo, al menos con este gobierno hambreador; muchos trabajadores han cedido a presiones porque su trabajo les permite sobrevivir a ellos y su familia. Recuperar el verdadero sentido sindical y que la izquierda siga siendo el referente ideológico y transformador como antaño, no es tarea fácil, cuando va implícita la necesidad imperante de subsistencia, y esta es aprovechada para manipular conciencias, pues quienes están afiliados a alguna agrupación sindical, su preocupación primordial es mantener su trabajo aun a costa de ceder a propósitos mezquinos de quienes dependen salarialmente.

En esta reflexión sobre lo que ha significado la lucha de los trabajadores y el papel de la izquierda en nuestro país, no puede quedar fuera una etapa de la historia que significó el parteaguas en el sistema financiero nacional: el movimiento sindical bancario y su lucha por lograr la organización de un sindicato que los representara como gremio y los sacara del estatus de empleados de excepción por estar al servicio de las instituciones donde los capitalistas nacionales eran dueños o tenían resguardados sus dineros.

Una década más o menos, de 1972 a 1982, iniciando en la ciudad de México, hombres y mujeres que se empleaban en las diferentes instituciones bancarias, estimulados por integrantes de partidos u organizaciones políticas de izquierda, luego de un análisis profundo sobre la situación laboral que prevalecía en los centros de trabajo, donde no existía una garantía de permanencia, ni escalafones u otras prestaciones que aportaran seguridad en el empleo, decidimos iniciar un incipiente movimiento tendiente hacia la conformación final de un sindicato.

La nacionalización de la banca en el periodo presidencial de José López portillo puso en evidencia la certeza de que, si el Estado administra las finanzas a través de los bancos, estos pueden ser rentables y hasta obtener dividendos suficientes para la continuidad en su operación, aun con la corrupción rampante que ya estaba instalada y permeaba todos los ámbitos políticos, laborales y sociales.

Este movimiento desde sus inicios mantuvo un claro tinte democrático, generando de paso que la ciudadanía volteara a ver a un sector de la sociedad que aparentaba un estatus diferente por el simple hecho de manejar los dineros ajenos, sustancialmente los del gran capital, y que también nos encontrábamos inmerso en esa telaraña de desigualdades y falta de garantías mínimas en nuestros centros de trabajo. Esto, más un trabajo sistemático de promoción de nuestras condiciones laborales, ayudo para que su propósito se extendiera a todos los estados del país, conformado primeramente comités por institución bajo un esquema multiplicador.

Todo el trabajo de organización, capacitación e incidencia en las conciencias de quienes no veían como viable acceder a este tipo de beneficios, los realizamos quienes esencialmente veníamos de una organización de izquierda, con la idea de integrar al pensamiento colectivo la percepción de un solo movimiento sindical nacional, y que esta gran fuerza aglutinadora sentara las bases para un cambio democrático en todo el país.

Dadas las características laborales no podíamos acceder a un sindicato con todas las de la ley, por lo que sólo podíamos aspirar a ser regidos por el apartado Art. 123 Constitucional inciso B, que prohíbe el derecho a huelga. Fue un periodo en donde le podemos sumar la simpatía que generamos en partidos y otras organizaciones de izquierda, abogados laboristas asesorando nuestro proceso y medios de comunicación incluyentes que le dieron difusión asertiva a nuestro movimiento.

Por supuesto que esto significó un gran riesgo para quienes mantienen el poder en nuestro país, y simplemente de la noche a la mañana amanecimos con un sindicato patronal puesto a modo y el despliegue de despidos injustificados a quienes encabezábamos el movimiento no se dejó esperar. Sin embargo, dado que la cohesión era real y autentica se pudo enfrentar la embestida, y la lucha continuó por reinstalaciones, jubilaciones o liquidaciones conforme a ley.

LA TAREA: Recomponer en lo inmediato la desorganización en la que se encuentra la izquierda mexicana, para reorientar e impulsar la recuperación y democratización de los sindicatos, regresarles su real sentido nuclear, y que se conviertan en verdaderos coadyuvantes en la transformación de nuestro país.

 

Rossy Villarruel
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Feminista, luchadora social, principalmente por los derechos humanos de las mujeres y las niñas. Psicoterapeuta Gestalt y sexóloga. Militante activa de Morena en Colima. Integrante de redes, grupos y colectivos de mujeres. Columnista de opinión y articulista en temáticas sociales y con perspectiva de género.




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